Foto Mariano Giménez

Firmeza ante la dureza

La corrida de Pedraza de Yeltes convirtió Las Ventas en un escenario de dureza extrema. No fue una tarde para el lucimiento fácil ni para el toreo de inspiración ligera. Los toros, enormes, correosos y ásperos, plantearon una batalla incómoda desde el mismo instante en que asomaban por chiqueros. Animales de volumen descomunal, serios hasta decir basta, de embestidas inciertas y escasa entrega. Una corrida de las que ponen a prueba la verdad de un torero.

En ese contexto tan poco amable sobresalió José Fernando Molina, que volvió a demostrar en Madrid que lo suyo no pasa por el artificio ni por el efectismo. El albaceteño se mantuvo toda la tarde firme, sereno y muy seguro delante de dos toros complicados, de esos que obligan a tragar mucho y a equivocarse poco.

Su primero, “Tontillato”, fue un auténtico problema. Un toro gigantesco, desentendido de los engaños, que se salía siempre de la muleta y que nunca terminó de pasar con claridad. Molina entendió pronto que aquello no admitía florituras. Apostó entonces por la colocación, el aguante y la sinceridad. Cada muletazo tuvo mérito porque había que sujetar una embestida descompuesta y quedarse muy quieto delante de un animal que derrotaba y medía constantemente. Sin opciones reales de triunfo, dejó una actuación de enorme responsabilidad y mató con contundencia.

Más mérito aún tuvo lo realizado frente al quinto. Otro toro complejo, que además sembró el desconcierto en banderillas tras prender con violencia a Víctor Manuel Martínez. Molina salió decidido a pelearle la tarde al destino. Muy asentado, siempre colocado en el sitio correcto, buscó el pitón contrario y aguantó miradas, protestas y embestidas inciertas. Fue una faena de cabeza y corazón, de las que no suelen reflejarse en los trofeos pero sí quedan en la memoria del aficionado que sabe lo que ocurre allí abajo.

Mientras tanto, Jarocho se llevó el protagonismo mediático de la tarde gracias a una actuación de enorme valor frente al lote con más opciones del encierro. El burgalés estuvo dispuesto y entregado, especialmente al natural, jugándose literalmente el físico ante dos toros de imponente presencia. Su actuación tuvo emoción, verdad y una evidente dimensión de apuesta personal. La espada, sin embargo, le privó de tocar pelo.

Isaac Fonseca también dejó constancia de su valor seco y sin concesiones. El mexicano se fue a portagayola, sufrió una voltereta tremenda y nunca perdió la cara a una corrida que exigía muchísimo más que oficio.

Pero si hubo un torero que representó el concepto de responsabilidad silenciosa fue José Fernando Molina. En tardes así es donde se mide la dimensión de un torero. Sin toro colaborador, sin concesiones y sin apenas eco en los tendidos, sostuvo el pulso de una corrida imposible con seriedad y capacidad. Y eso, en Madrid, también tiene un enorme valor.

Ficha del festejo

Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid)
Décimo séptima de la Feria de San Isidro 2026. Tres cuartos largos de entrada.

Toros de Pedraza de Yeltes, muy serios, de imponente presencia y exigente comportamiento.

  • Isaac Fonseca: saludos tras aviso y silencio tras dos avisos.
  • José Fernando Molina: silencio tras aviso y silencio tras aviso.
  • Roberto Martín “Jarocho”: saludos y silencio.

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