La Feria de San Isidro volvió a vivir una tarde de emociones encontradas en Las Ventas. Cuando el festejo parecía condenado a perderse entre la monotonía y la falta de contenido, apareció Clemente para encender la plaza con una actuación de enorme compromiso que terminó abruptamente tras una espeluznante cogida en el quinto toro de la tarde.
Con el decimosexto cartel de «No hay billetes» colgado en las taquillas, la afición madrileña acudió con la esperanza de encontrar argumentos en una corrida de Juan Pedro Domecq que, salvo contadas excepciones, ofreció muy poco juego para el lucimiento.
La tarde había transcurrido sin apenas sobresaltos hasta la salida del quinto. Clemente, consciente de la importancia del momento, decidió jugarse todo desde el primer instante. Lo recibió en la puerta de toriles, una declaración de intenciones que encontró continuidad en una faena iniciada por estatuarios de gran exposición.
El toro exigía mando, colocación y una fe inquebrantable. El francés respondió con firmeza, apostando por dejar la muleta puesta y ligando dos series de enorme mérito sobre la mano derecha. Por momentos, el público se conectó con una labor basada en la verdad y la entrega, construida sin ventajas ante un animal que nunca regaló una embestida.
Cuando la faena parecía tomar vuelo y acercarse a cotas importantes, llegó el drama. En un muletazo al natural, el toro prendió a Clemente de forma violenta, lanzándolo por los aires en una escena que heló los tendidos. Los segundos posteriores fueron de máxima tensión mientras el torero permanecía dolorido sobre la arena.
A pesar del aparatoso percance, el balance médico fue menos grave de lo que inicialmente se temió. La cornada no llegó a producirse, pero la luxación de codo y las múltiples contusiones obligaron a su traslado hospitalario y le impidieron continuar la lidia.
Antes, el francés ya había tenido que enfrentarse a un sobrero de Montalvo que se apagó prematuramente, privándole de cualquier opción de lucimiento.
La corrida tampoco ofreció demasiadas posibilidades a sus compañeros de cartel. Uceda Leal dejó pinceladas de su clásica torería en algunos pasajes del cuarto, insuficientes para levantar una tarde sin transmisión. Su elegancia apareció en detalles aislados que el público supo reconocer.
Por su parte, Pablo Aguado atravesó una jornada discreta, sin encontrar materia prima para desarrollar su concepto. Tampoco estuvo afortunado con los aceros, lo que terminó de diluir cualquier posibilidad de premio.
Al final, la imagen que quedó grabada en la memoria de los aficionados fue la de Clemente jugándose el tipo ante el quinto, intentando abrir una puerta que la corrida había mantenido cerrada durante toda la tarde. Su valor sostuvo una función que encontró en la entrega del francés su único argumento de verdadera emoción.
Ficha del festejo
Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid)**
Feria de San Isidro – Vigésimo quinta de abono
Lleno de «No hay billetes»
Toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados pero de escasas opciones en conjunto. Se lidió un sobrero de Montalvo como primero bis.
Uceda Leal: silencio y silencio.
Clemente: silencio y herido.
Pablo Aguado: silencio y silencio.
Parte médico de Clemente: Luxación de codo izquierdo. Policontusiones. Tras ser atendido en la enfermería de la plaza, fue trasladado al Hospital Fraternidad-Muprespa Habana para estudio radiológico. Pronóstico grave que le impidió continuar la lidia
[📹 𝗥𝗘𝗦𝗨𝗠𝗘𝗡] En vídeo, el resumen de la 25ª de San Isidro en #LasVentas.
— Plaza de Las Ventas (@LasVentas) June 5, 2026
Cara y cruz de un entregado Clemente. pic.twitter.com/4BVqVh8RMw























