Foto Mariano Giménez

Cantaor y la gloria del toro bravo

Hubo una hora exacta en la tarde en la que Las Ventas recordó por qué el toro bravo sigue siendo el centro absoluto de todo esto. Ni el torero, ni el ambiente, ni la estadística. El toro. Y aquel cuarto de la tarde, bautizado como Cantaor, convirtió la decimotercera de San Isidro en una exaltación de la bravura moderna, en una reivindicación de la grandeza de Victoriano del Río y en una de esas páginas que quedan suspendidas durante años en la memoria de Madrid.

Desde que salió de chiqueros se intuía algo distinto. Tenía la seriedad exacta, la armonía de las hechuras importantes y una forma de desplazarse que anunciaba profundidad. No era un toro aparatoso sin más. Era un animal lleno de equilibrio, de clase y de intención. Y luego confirmó todas las sospechas. Humilló desde el principio, galopó con largura, embistió con ritmo y mantuvo intacta la emoción hasta el último muletazo. Un toro de bravura completa. De los que hacen afición y sostienen el prestigio de una ganadería.

Victoriano del Río volvió a demostrar en Madrid por qué ocupa desde hace años el trono ganadero del toreo moderno. No se trató únicamente del extraordinario cuarto. La corrida tuvo movilidad, transmisión y varios toros con fondo y opciones. Un envío serio, bien presentado y con personalidad, algo que hoy no resulta tan frecuente como debería. Pero Cantaor elevó todo a otra dimensión.

Sebastián Castella encontró delante un toro de época y respondió como responden las figuras grandes cuando Madrid aprieta de verdad. Cuajó una faena poderosa y templada, muy asentada sobre ambas manos, especialmente al natural, donde consiguió llevar cosido al toro a la tela en series largas y mandonas. El francés toreó con profundidad, sin alivios y entendiendo perfectamente la distancia y el ritmo que pedía el animal.

La obra fue creciendo sin pausas. También el ambiente. Las Ventas entró en combustión al compás de aquella embestida interminable de Cantaor. Hubo naturales lentísimos, derechazos ligados y una sensación muy rara hoy en día: la de estar viendo algo auténticamente grande. Todo parecía conducirse hacia una Puerta Grande de máxima dimensión. Pero la espada redujo el premio. La media estocada y el posterior atasco con el descabello dejaron al francés sin salida a hombros y con dos avisos en el marcador.

Aun así, pocas vueltas al ruedo tuvieron tanto peso emocional en los últimos años. Castella rompió a llorar mientras el toro daba la vuelta al ruedo en el arrastre. Se acercó incluso a besar al animal antes de que las mulillas lo retiraran. La escena resumía perfectamente lo ocurrido: un torero agradeciendo al toro una tarde que le devolvió su mejor versión.

La vuelta al ruedo a Cantaor fue de absoluta justicia. Madrid premió al toro y reconoció el trabajo de una casa ganadera que lleva años sosteniendo muchas de las grandes tardes del ciclo isidril. La bravura tuvo rostro, nombre y emoción.

Emilio de Justo también encontró momentos importantes con el tercero, otro toro con transmisión y exigencia. El extremeño firmó tandas estimables sobre la diestra, muy asentadas y mandonas, aunque volvió a emborronar todo con los aceros. Su quinto, más frágil de remos, acabó diluyéndose entre los continuos errores con el verduguillo.

Más apagada resultó la actuación de Tomás Rufo. No terminó de encontrar nunca el sitio a sus dos toros ni de romper hacia adelante en una tarde que exigía apuesta y determinación.

Pero nada de eso alteró el verdadero argumento de la corrida. San Isidro quedó marcado por el nombre de un toro. Cantaor. Uno de esos animales que justifican temporadas enteras, que engrandecen una plaza y que recuerdan que la emoción del toreo sigue naciendo del campo bravo.

Ficha del Festejo
Madrid. Jueves 21 de mayo de 2026. Toros de Victoriano del Río, el cuarto, de nombre Cantaor, premiado con la vuelta al ruedo. Sebastián Castella, silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos
Emilio de Justo, ovación y silencio tras aviso
Tomás Rufo, silencio tras aviso y silencio tras aviso
Entrada: No Hay Billetes

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