La tarde nació torcida y acabó convertida en un vía crucis interminable. Lo de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto en Las Ventas fue una de esas funciones que parecen condenadas desde antes del paseíllo, pero también una de esas tardes en las que los toreros tienen obligación de rebelarse y ninguno lo hizo de verdad. Madrid salió agotada, enfadada y con la sensación de haber asistido a un espectáculo que se fue apagando poco a poco hasta consumirse entre protestas, avisos y desilusión.
La corrida tuvo defectos, muchos además, pero no fue únicamente responsabilidad del ganado que aquello derivase en un páramo. Hubo toros con opciones claras, animales que exigían precisión, altura correcta y cabeza. Y ahí faltó gobierno. Faltó pulso. Faltó capacidad para entender lo que pedía cada embestida. Especialmente en el caso de Pablo Aguado, protagonista involuntario de una de las escenas más incómodas del ciclo.
El sevillano dejó escapar un toro que parecía dibujado para su concepto. El tercero, un cinqueño serio y de expresión magnífica, tuvo movilidad templada, nobleza y ese punto de mansedumbre que tantas veces favorece al toreo de seda cuando se sabe conducir. Aguado comenzó dejando detalles de enorme belleza, especialmente en los remates y en algún muletazo suelto de exquisita estética. Pero todo quedó a medio hacer. Nunca encontró el sitio exacto ni los terrenos convenientes. El toro pedía cercanías a tablas y mando suave; Aguado insistió en llevarlo fuera, alejándolo de donde quería embestir. Ahí se rompió la faena.
Lo peor llegó después. Una estocada defectuosa desembocó en un auténtico calvario con el descabello. Madrid comenzó a contar los intentos mientras el desconcierto se instalaba en el ruedo. Sonaron los tres avisos y el toro regresó vivo entre el estupor general. Más allá del escándalo estadístico, lo verdaderamente grave fue la sensación de derrumbe anímico del torero, incapaz ya de recomponerse.
Y aún quedaba el sexto, quizá el ejemplar con más posibilidades del envío. Otro toro manejable, de buen aire y con clase suficiente para haber cambiado la historia de la tarde. Pero Aguado compareció ya vencido. Sin convicción, sin tensión competitiva, sin capacidad de enganchar al público. Todo transcurrió entre la indiferencia y el desencanto. Madrid, que tantas veces perdona cuando percibe verdad, ya no quiso acompañarle.
Tampoco levantaron aquello José María Manzanares ni Juan Ortega. El alicantino tuvo delante un primero de excelente tranco y calidad, un toro fino y elegante que humilló con clase hasta que el propio planteamiento de faena terminó por derribarlo definitivamente. Manzanares dejó una gran estocada, probablemente lo más rotundo de su actuación, pero el conjunto quedó diluido.
Su segundo fue devuelto con excesiva rapidez por parte del palco. Las protestas gobiernan demasiadas veces el ambiente venteño actual y cualquier mínimo tropiezo parece sentencia inmediata. El sobrero tampoco añadió nada distinto a la función.
Ortega, por su parte, se encontró el lote menos agradecido. Su primero apenas duró y el quinto, aunque más manejable, nunca rompió hacia adelante. El sevillano pasó de puntillas, sin encontrar jamás el pulso de la tarde.
La presidencia contribuyó también al desconcierto general con decisiones precipitadas en las devoluciones. El ambiente venía predispuesto desde el anuncio del hierro y cualquier debilidad encendía la mecha. La corrida jamás tuvo la menor oportunidad de asentarse en el ánimo del público.
Al final quedó esa sensación tan amarga de las oportunidades desperdiciadas. Porque dentro del desastre hubo toros que pedían toreros capaces de entenderlos. Y Madrid, cuando eso sucede, no perdona.
Ficha del Festejo
Madrid. Jueves 21 de mayo de 2026. Toros de Puerto de San Lorenzo (1º y 3º), La Ventana del Puerto ( 5º y 6º) , un sobrero de José Vázquez (2º) y otro sobrero de El Freixo (4º).
José María Manzanares, silencio y silencio
Juan Ortega, silencio y silencio
Pablo Aguado, pitos tras tres avisos y silencio.
Entrada: No Hay Billetes.
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— Plaza de Las Ventas (@LasVentas) May 21, 2026






















