Coincidiendo con el reciente 90 cumpleaños de Manuel Benítez “El Cordobés”, vuelve inevitablemente a la memoria la huella que dejó una de las figuras más revolucionarias y populares de la historia del toreo en plazas de toda España, entre ellas la de Plaza de Toros de Albacete, donde llegó a actuar en seis ocasiones entre novilladas y corridas de toros.
Hablar de El Cordobés es hacerlo de un fenómeno social que trascendió lo taurino. Su irrupción en los años sesenta cambió el rumbo de la Fiesta. Llenó plazas, atrajo a públicos que jamás habían pisado un coso y convirtió cada tarde en un acontecimiento. Su personalidad arrolladora, su valor y su forma heterodoxa de entender el toreo rompieron moldes en una época donde el clasicismo todavía dominaba los ruedos.
Albacete también fue testigo de aquella locura colectiva que despertaba el diestro cordobés. Según los registros históricos, actuó en seis ocasiones en el coso manchego, repartidas entre cuatro corridas de toros y dos novilladas picadas, en unos años donde su nombre era sinónimo de llenos absolutos y expectación máxima.
Cada comparecencia de El Cordobés suponía un auténtico acontecimiento para la ciudad. Su capacidad para conectar con el público iba mucho más allá de lo puramente artístico. Había en torno a él un magnetismo especial, una dimensión popular pocas veces vista en el toreo. Era el torero del pueblo, el hombre que había salido de la nada para convertirse en ídolo de masas.
Su relación con Albacete quedó además ligada a nombres fundamentales de la época, compartiendo carteles con grandes figuras y formando parte de una etapa de enorme crecimiento para la plaza manchega. Aquellas tardes permanecen todavía en el recuerdo de muchos aficionados que vivieron en primera persona el fenómeno cordobesista.
A sus 90 años, Manuel Benítez sigue siendo una figura imprescindible para entender la historia contemporánea de la tauromaquia. Admirado por unos, discutido por otros, pero imposible de ignorar. Porque muy pocos toreros han conseguido cambiar el rumbo del espectáculo y alcanzar la dimensión social que alcanzó El Cordobés.
Nueve décadas después de su nacimiento, su nombre continúa formando parte de la memoria colectiva del toreo y también de la historia taurina de Albacete.
