Foto Mariano Giménez

Hay días en los que el mayor gesto de torería consiste en no torear

La muerte de Gonzalo González en la ganadería de Roque Jiménez debería haber marcado el final de cualquier actividad taurina aquella jornada. La difusión posterior de una fotografía de un tentadero, presuntamente celebrado tras la tragedia, deja una imagen tan dolorosa como imposible de comprender

Hay momentos en los que no hacen falta reglamentos ni explicaciones. Basta con tener humanidad, sensibilidad y saber estar a la altura de las circunstancias.

El fallecimiento repentino del profesor de la Escuela Taurina de Albacete y banderillero, ha conmocionado al mundo del toro. Gonzalo había acudido a la ganadería jienense de Roque Jiménez para acompañar a su hijo, el novillero Alejandro González, en un tentadero de preparación. Lo que debía ser una jornada de ilusión terminó en una tragedia irreparable.

Ante semejante desgracia, lo normal, lo humano y mas lógico habría sido recoger los trastos, suspender cualquier actividad y marcharse a casa o acompañar al compañero fallecido.

Sin embargo, horas después se difundió una fotografía de un tentadero en aquella misma ganadería. Aunque no está confirmado el momento exacto de la imagen ni todas las circunstancias de la jornada, si la actividad se celebró o continuó después del fallecimiento como se da a entender que fue, estaríamos ante una decisión profundamente desafortunada y difícil de justificar.

¿Dónde quedaron los valores de la tauromaquia?

Mucho se habla de respeto, nobleza, compañerismo y admiración hacia quienes han dedicado su vida a esta profesión. Pero esos valores no pueden quedarse en discursos o minutos de silencio. Deben demostrarse con hechos.

¿Qué importancia podía tener tentar una vaca más después de lo sucedido? ¿Tan difícil resultaba comprender que aquel día ya no había lugar para el toreo? ¿tan importante era tentar en 24 de octubre?

Hay días en los que el mayor gesto de torería consiste, precisamente, en no torear.

Especialmente dolorosa resulta la fotografía difundida por la presencia de un torero cuya carrera estuvo estrechamente ligada a Gonzalo González, quien habría sido su mentor y lo habría acompañado hasta tomar la alternativa.

No corresponde juzgar los sentimientos de nadie, pero sí cuestionar la oportunidad de determinadas decisiones y su exposición pública en un momento tan delicado. Hay imágenes que, por respeto a quienes sufren, quizá nunca deberían publicarse.

La categoría también se demuestra fuera del ruedo

El ganadero y los profesionales implicados, si se confirma que el tentadero continuó, deberían reflexionar sobre lo ocurrido. No se trata de cuestionar su afición ni de atribuirles intenciones, sino de recordar que hay circunstancias en las que la consideración hacia los demás debe prevalecer sobre cualquier compromiso.

Pensar en esa familia, golpeada por una pérdida tan inesperada, debería bastar para comprender la sensibilidad que exigía aquel momento.

La tauromaquia presume de unos valores que merecen ser defendidos, pero su credibilidad depende de quienes los practican. Porque la verdadera categoría de un torero no se demuestra únicamente delante de un animal, sino también en su comportamiento como persona.

Ojalá se aclaren las circunstancias de aquella jornada. Lo que nunca debería perderse de vista es que el respeto a la memoria de un compañero, de una persona ante todo y el dolor de su familia están por encima de cualquier tentadero.

Por Gonzalo, por su hijo Alejandro y por todos los que hoy lloran su ausencia.

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