Foto Mariano Giménez

Gran tarde de Víctor Hernández

La vigésimo tercera cita de San Isidro dejó una de esas tardes que Madrid no olvida fácilmente. No hubo Puerta Grande ni trofeos importantes, pero sí una demostración de entrega absoluta por parte de Víctor Hernández, que convirtió el sexto toro en un ejercicio de valor extremo después de sufrir dos cogidas tan aparatosas como escalofriantes. La otra cara de la moneda la protagonizó Emilio de Justo, que tuvo en sus manos la posibilidad de salir triunfador de Las Ventas, pero volvió a encontrarse con el obstáculo del acero.

La corrida de Jandilla y Santiago Domecq ofreció opciones claras para el triunfo. Especialmente para Emilio de Justo, que sorteó el lote de mayor contenido de la tarde. Su primero exigió desde el inicio, pero escondía calidad y transmisión. El extremeño encontró los mejores momentos en una serie final al natural de enorme profundidad, capaz de levantar el interés de los tendidos. Sin embargo, la espada volvió a convertirse en su peor enemigo y todo quedó reducido al silencio.

Más evidente fue la oportunidad perdida con el cuarto. Un toro bravo, pronto y con una embestida vibrante que pedía mando y ligazón. Emilio construyó una faena de criterio, especialmente asentada sobre la mano izquierda, donde logró naturales largos y templados que tuvieron eco en los tendidos venteños. El toro respondió siempre con entrega, pero nuevamente la suerte suprema borró cualquier opción de premio. Madrid reconoció la dimensión del toro y la calidad de varios pasajes de la faena, aunque el marcador quedó a cero.

Borja Jiménez tampoco encontró la tecla en una tarde cuesta arriba. Su lote ofreció escasas posibilidades y el sevillano no pudo terminar de conectar con un público que esperaba mucho de una de las revelaciones de las últimas temporadas. Silencio en ambos turnos.

La emoción llegó de la mano de Víctor Hernández. El madrileño volvió a demostrar por qué se ha ganado un sitio entre los nombres a seguir del escalafón. Ya con su primero dejó una actuación de enorme firmeza, apostando por el pitón derecho y rematando con unas ajustadas bernadinas que calentaron los tendidos. La falta de acierto definitivo le privó de mayores recompensas, aunque recibió una ovación merecida.

Pero fue en el sexto donde escribió el capítulo más impactante de la tarde. El toro lo prendió con enorme violencia en el recibo capotero, en una cogida que hizo contener la respiración a toda la plaza. Lejos de acusar el golpe, regresó a la cara del animal con una determinación admirable. La faena estuvo marcada por la exposición constante frente a un toro exigente que nunca regaló una embestida.

Cuando parecía imposible aumentar la tensión, una segunda cogida, aún más dramática, volvió a poner en jaque al torero. De nuevo se levantó. De nuevo regresó al ruedo. Y de nuevo apostó todo cuanto tenía delante de un animal que imponía respeto. La emoción terminó imponiéndose a cualquier consideración artística. Madrid asistió a una lección de entrega y compromiso que encontró recompensa moral en una cerrada ovación tras la muerte del toro.

No hubo orejas en la tarde, pero sí una actuación que quedará grabada en la memoria de los aficionados. Víctor Hernández salió de Las Ventas sin trofeos, pero con el reconocimiento de una plaza que valora como pocas el valor auténtico. Emilio de Justo, por su parte, se marchó con la sensación amarga de haber dejado escapar una oportunidad de oro ante uno de los mejores lotes vistos en lo que va de feria.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). Vigésimo tercera corrida de abono de la Feria de San Isidro. Décimo quinta tarde de «No hay billetes».

Toros de Jandilla (1º, 2º, 4º y 6º) y Santiago Domecq (3º y 5º). Bien presentados. Destacó especialmente el cuarto por su bravura, clase y transmisión.

Emilio de Justo, silencio y silencio.
Borja Jiménez, silencio y silencio.
Víctor Hernández, ovación y ovación.

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