La corrida benéfica de Asprona cambiará este año su fecha tradicional y pasará a celebrarse en septiembre. Así lo ha anunciado la propia entidad, que explica que la decisión se ha tomado con el objetivo de “seguir mejorando la calidad del festejo y configurar un cartel de mayor nivel y atractivo” para los aficionados.
El festejo, que alcanzará en 2026 su 54ª edición, abandona así el mes de junio, una fecha históricamente ligada a una de las citas taurinas y solidarias más importantes del calendario albaceteño. Desde la organización se subraya la importancia económica y social de esta corrida, cuyos beneficios permiten mantener numerosos programas y servicios destinados a personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y sus familias.
Sin embargo, más allá de la explicación oficial, el cambio ha abre un importante debate entre aficionados y sectores taurinos de la ciudad, especialmente por lo que supone para una temporada que continúa dando señales de improvisación y falta de estructura.
El traslado de la corrida de Asprona a septiembre se suma además al anunciado cambio de fecha del Festival del Cotolengo, previsto para octubre, con estas decisiones, Albacete corre el riesgo de permanecer prácticamente sin festejos taurinos mayores durante meses, más allá de las clases prácticas o la novillada sin picadores de San Juan.
La consecuencia es evidente: toda la actividad taurina de relevancia queda comprimida en apenas unas semanas alrededor de la Feria de septiembre. Una concentración que puede terminar provocando saturación, desgaste entre los aficionados y una pérdida progresiva de interés en una ciudad que históricamente ha presumido de mantener actividad taurina durante buena parte del año.
Muchos aficionados se preguntan qué sentido tiene desplazar festejos consolidados a fechas tan próximas a la Feria, eliminando prácticamente cualquier continuidad en la temporada. Más aún en el caso del Festival del Cotolengo, cuya nueva ubicación en octubre genera todavía más dudas. Organizar un festejo benéfico cuando la temporada está prácticamente terminada, con el ambiente taurino ya apagado y con la afición “atorada” tras la Feria, parece una apuesta difícil de sostener tanto a nivel de público como de atractivo para los propios toreros.
Mientras tanto, la sensación entre buena parte de la afición es que Albacete sigue perdiendo poco a poco el peso taurino que durante décadas la convirtió en una referencia. Porque una ciudad con la historia, la afición y la categoría de su plaza difícilmente puede permitirse pasar gran parte del año sin toros y reducir toda su vida taurina a un único mes.
