Foto Mariano Giménez

El Cotolengo: cuando Albacete torea con el corazón

El próximo 18 de octubre la Plaza de Toros de Albacete volverá a vivir una de esas tardes en las que el resultado importa menos que la causa. El Festival Taurino a beneficio del Cotolengo alcanzará su 36ª edición recuperando para el ruedo a Sergio Martínez, Abraham Barragán, Antón Cortés y César Jiménez. Una historia de solidaridad en la que sobresalen dos nombres fundamentales, Dámaso González y Manuel Caballero, y a la que Andrés Palacios añadirá este año un capítulo muy especial al igualar al maestro Dámaso como el torero con más paseíllos en el festival, hay tardes que terminan cuando se arrastra el último toro. Y hay otras que permanecen mucho después de que la plaza se quede vacía, el Festival Taurino del Cotolengo pertenece a estas últimas.

Durante décadas, la tauromaquia albaceteña ha encontrado en esta cita una de sus expresiones más humanas. Toreros, ganaderos, profesionales y aficionados han unido esfuerzos por un objetivo que está por encima de nombres, triunfos y trofeos: ayudar al Sagrado Corazón de Jesús, el Cotolengo, el próximo 18 de octubre, Albacete volverá a tener la oportunidad de hacerlo y esta vez será una tarde especialmente cargada de recuerdos.

Dámaso González, el alma de una historia, resulta imposible hablar del Festival del Cotolengo sin que aparezca inmediatamente la figura del maestro Dámaso González, él  fue mucho más que uno de los toreros que participaron en el festejo, fue uno de sus grandes pilares, un hombre que entendió que la importancia alcanzada en los ruedos también podía ponerse al servicio de quienes necesitaban ayuda.

Dámaso estuvo desde el principio.

Ya participó en la primera edición, celebrada en 1989, dejando además uno de los acontecimientos históricos del festival al indultar a “Socorrito”, de Hermanos Pedrés, pero lo verdaderamente importante no fue aquella tarde concreta, sino todo lo que vino después. Dámaso volvió. Y volvió otra vez. Y siguió haciéndolo durante años, su presencia ayudó a dar prestigio y dimensión al festival y a conseguir que otras figuras entendieran la importancia de la cita. El maestro puso su nombre al servicio del Cotolengo tantas veces como fue necesario, hasta convertir su relación con este festejo en parte de su propio legado, por eso el Festival del Cotolengo es Dámaso.

Porque hubo personas que ayudaron a que se celebrara, otras que participaron y algunas que consiguieron que se convirtiera en una tradición. Dámaso González pertenece a estas últimas.

Manuel Caballero, trece veces diciendo sí

Después llegaría otra gran figura del toreo albaceteño que entendió perfectamente el significado de aquella herencia:Manuel Caballero, mientras estuvo en activo, Caballero toreó el Festival del Cotolengo siempre que tuvo ocasión. No fue una aparición testimonial ni una colaboración aislada, Fueron trece paseíllos, Trece tardes poniéndose delante de un animal por la misma causa. Trece veces prestando su nombre y su condición de figura para ayudar, El dato explica por sí solo el compromiso de Manuel Caballero con el festival.

En una profesión en la que calendarios, contratos y temporadas marcan la vida de los toreros, encontrar un hueco para regresar una y otra vez demuestra que detrás existía algo más profundo, Dámaso había señalado un camino y Caballero supo continuarlo, dos figuras fundamentales de la tauromaquia albaceteña y dos maneras de demostrar que la grandeza de un torero también puede medirse lejos de las grandes ferias.

Andrés Palacios igualará a Dámaso

Y este 18 de octubre se producirá un dato cargado de simbolismo, Andrés Palacios realizará un nuevo paseíllo en el Festival del Cotolengo y se convertirá, junto a Dámaso González, en el torero que más veces ha actuado en esta cita, sorprende ver este dato y que no haya participado en el otro evento taurino solidario de Albacete, Andrés aun no ha toreado la corrida de Asprona, Palacios ha mantenido durante años una fidelidad extraordinaria hacia el festival. Han cambiado las etapas de su carrera, los compañeros de cartel y las circunstancias, pero su nombre ha seguido apareciendo cuando el Cotolengo ha necesitado nuevamente de la solidaridad del mundo del toro.

Ahora alcanzará al maestro, dos toreros de épocas muy diferentes quedarán unidos por un mismo dato y, sobre todo, por una misma causa, Dámaso González y Andrés Palacios, los dos nombres con mayor número de paseíllos en la historia del Festival del Cotolengo

Una tarde para volver a encontrarnos

La edición de 2026 tendrá, además, otro componente especialmente emotivo, el festival permitirá volver a ver delante de un animal, después de muchos años, a Sergio Martínez, Abraham Barragán, Antón Cortés y César Jiménez,cuatro regresos que convierten el cartel en un viaje por la memoria reciente del toreo, especialmente emotivos serán los de los albaceteños Sergio Martínez, Abraham Barragán y Antón Cortés, toreros a los que esta afición vio crecer, triunfar y afrontar tardes importantes, Antón Cortés, por ejemplo, no realiza el paseíllo en la Plaza de Toros de Albacete desde aquel 17 de septiembre de 2004, cuando cortó las dos orejas al sexto de Torrestrella en la misma tarde en la que Manuel Caballero se despedía de su plaza y de los ruedos europeos. Su última actuación en un festival se remonta a 2014.

Más de dos décadas después volverá a pisar el ruedo albaceteño.

También regresarán Sergio Martínez y Abraham Barragán, dos nombres íntimamente ligados a una generación del toreo de Albacete, mientras que César Jiménez, uno de los toreros destacados de su época, volverá igualmente a ponerse delante de un animal después de muchos años.

No regresan buscando contratos, no regresan para comenzar otra carrera, regresan para ayudar y quizá ahí esté la verdadera belleza de esta tarde.

Del recuerdo al futuro

Junto a ellos estará Andrés Palacios, escribiendo esa página especial de la historia del festival, y aparecerá también un nombre joven: Neyzan Espín.

El alumno de la Escuela Taurina de Albacete representa exactamente el otro extremo de esta historia, mientras unos vuelven después de muchos años, él está comenzando.

Cuando unos recuperarán sensaciones y recuerdos, Neyzan estará construyendo los suyos, es la imagen perfecta de lo que significa una tradición cuando consigue mantenerse viva: una generación entrega el testigo a la siguiente sin perder aquello que dio sentido a todo desde el principio.

Esta vez, las orejas son lo de menos, habrá toros. Habrá faenas. Habrá emociones y seguramente habrá trofeos, pero nada de eso será lo verdaderamente importante, porque el protagonista del 18 de octubre no debería ser ninguno de los seis toreros, el protagonista debe ser el Cotolengo.

Esa es la razón por la que Dámaso González volvió tantas veces. La misma por la que Manuel Caballero hizo trece paseíllos. La que ha llevado a Andrés Palacios a situarse junto al maestro como el torero con mayor número de participaciones y es también la razón por la que cuatro hombres volverán a ponerse delante de un animal después de tantos años.

Ahora falta la otra mitad de esta historia, que la plaza responda, el 18 de octubre no basta con recordar lo que hicieron Dámaso, Caballero y tantos otros, la mejor manera de honrar aquella historia es continuarla, Que respondan las peñas. Que respondan los aficionados. Que acudan quienes recuerdan a Sergio Martínez, Barragán o Antón Cortés en sus años de matadores. Que los jóvenes puedan descubrirlos. Que las familias hagan suyo el festival, porque comprar una entrada esa tarde significa mucho más que asistir a los toros, significa colaborar.

Durante más de tres décadas los profesionales han dado un paso adelante cuando el Cotolengo los ha necesitado.

Dámaso González marcó el camino, Manuel Caballero lo recorrió trece veces, Andrés Palacios llegará este año hasta donde llegó el maestro, Sergio Martínez, Abraham Barragán, Antón Cortés y César Jiménez volverán después de muchos años únicamente para aportar su granito de arena y Neyzan Espín recogerá el testigo de una nueva generación, ahora solo falta que los tendidos estén a la altura de quienes harán el paseíllo, porque el 18 de octubre la Puerta Grande más importante no se abrirá al terminar el festejo.

La verdadera Puerta Grande será mirar alrededor antes de que salga el primer novillo y comprobar que Albacete ha llenado su plaza para ayudar al Cotolengo, ese sería el mejor homenaje a Dámaso, el mejor reconocimiento a quienes mantuvieron vivo el festival y, sobre todo, la mejor manera de recordar que hay tardes en las que el toreo también se hace con el corazón.

Deja una respuesta