Foto Mariano Giménez

La suspensión de la Corrida de ASPRONA: el tiro de gracia a un festejo que fue referencia nacional

Más allá del comunicado oficial, la suspensión supone un nuevo y durísimo golpe para un festejo que, desgraciadamente, llevaba años perdiendo la relevancia que un día tuvo. Si la Corrida de ASPRONA venía sufriendo un progresivo descenso de repercusión y expectación, la cancelación de este año, además anunciada apenas unos meses después de haberse comunicado que volvería a celebrarse durante la Feria de Septiembre, añade una nueva piedra en el camino de una cita que durante décadas fue considerada la corrida solidaria más importante de España.

Quizá los aficionados más jóvenes no lleguen a imaginar lo que representó este festejo para Albacete. El día de la Corrida de ASPRONA prácticamente paralizaba la ciudad. Numerosas empresas cerraban sus puertas durante la tarde para que sus trabajadores acudieran a la plaza, los tendidos registraban entradas históricas y el ambiente trascendía lo puramente taurino para convertirse en un auténtico acontecimiento social y benéfico. Aquello formaba parte de la identidad de Albacete.

Esa implicación colectiva fue desapareciendo con el paso de los años y, con ella, también se fue diluyendo la importancia del festejo. La pérdida de prestigio, de apoyo institucional, empresarial y, en ocasiones, también de ambición en su organización, han llevado a una situación que muchos veían venir desde hace tiempo.

Existe un viejo dicho que afirma que «entre todos la mataron y ella sola se murió». Probablemente pocas frases describan mejor lo sucedido con una corrida que fue referente nacional y que hoy atraviesa su momento más delicado. Lo ocurrido este año da la sensación de convertirse en el tiro de gracia para un festejo que lleva demasiado tiempo agonizando.

Después llegarán los lamentos por la pérdida de afición, por el desinterés del público o por la falta de implicación de los propios aficionados. Sin embargo, decisiones como esta difícilmente ayudan a recuperar la ilusión. Como dice el refrán, «para este viaje no hacían falta esas alforjas». El daño ya está hecho y quien termina pagando las consecuencias no es únicamente el mundo del toro.

Los grandes perjudicados vuelve a ser ASPRONA y, sobre todo, las personas que forman parte de la entidad: sus usuarios y sus familias, quienes dejan de contar con uno de los acontecimientos solidarios que durante décadas contribuyó de manera decisiva a financiar proyectos esenciales.

Se ha hecho un flaco favor a un festejo que fue santo y seña no solo de Albacete, sino también de la tauromaquia española. Recuperarlo en 2027 será posible, pero devolverle el prestigio, la ilusión y la implicación social que un día tuvo será, sin duda, un reto mucho mayor.

 

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