Foto Mariano Giménez

Puerta Grande de Román

Madrid volvió a rendirse a la emoción de los toros de verdad. La vigésimo sexta cita de San Isidro dejó una de esas tardes que justifican una feria entera. Un toro de Victorino Martín de nombre «Gallarete», un torero dispuesto a jugarse la vida sin reservas y una plaza entregada acabaron escribiendo una de las páginas más vibrantes del ciclo.

El protagonista fue Román. El valenciano encontró en el tercero de la tarde el toro de su vida en Madrid y no desaprovechó la oportunidad. Frente a él apareció un victorino encastado, exigente, humillador y con una transmisión arrolladora que convirtió cada muletazo en un acontecimiento.

Desde el primer momento entendió Román que no había margen para las dudas. Se fue a los medios decidido a mandar y construyó una faena de valor, firmeza y convicción. La mano derecha fue la llave de una obra que fue creciendo a medida que el toro desarrollaba sus virtudes. Cada serie llegaba más al tendido, cada muletazo tenía más profundidad y la conexión con el público fue inmediata.

El toro exigía sitio, mando y capacidad para aguantar las embestidas con el corazón firme. Román respondió con autoridad, tirando del animal hasta el final de cada viaje y apostando siempre por quedarse en el terreno comprometido. Por el izquierdo el victorino perdió recorrido, pero el valenciano supo regresar a la diestra para mantener el pulso de una faena cargada de emoción.

Cuando llegó la suerte suprema, remató su actuación con una estocada recibiendo de enorme mérito que hizo estallar definitivamente la plaza. La petición fue unánime y las dos orejas cayeron con fuerza para premiar una actuación rotunda que le abría de par en par la Puerta Grande de Las Ventas por segunda vez en su carrera.

El sexto no ofreció posibilidades para redondear una tarde histórica. Sin entrega ni opciones claras, impidió que el valenciano ampliara su triunfo, aunque la puerta ya estaba conquistada.

La corrida de Victorino Martín mantuvo el interés durante buena parte de la tarde. Hubo toros con movilidad, casta y emoción, elementos cada vez más valorados por una afición que llenó nuevamente los tendidos, colgándose el decimoséptimo cartel de «No hay billetes» de la feria.

Morenito de Aranda dejó patente su disposición durante toda la tarde. Buscó las teclas de sus dos oponentes y nunca perdió la cara a la corrida, aunque no encontró materia prima suficiente para construir faenas de premio.

Más complicada resultó la tarde para Fernando Adrián. El madrileño no logró acoplarse con ninguno de sus dos toros y sus actuaciones terminaron diluyéndose sin alcanzar vuelo ante un público que esperaba mucho más de uno de los nombres destacados de la temporada.

Al final, la tarde quedó marcada por la figura de Román caminando hacia la calle de Alcalá entre una multitud entregada. Una Puerta Grande construida sobre la verdad del toreo y la bravura de un victorino que devolvió a Madrid la emoción de las grandes tardes.

Ficha del festejo

Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid)
Feria de San Isidro 2026 – Vigésimo sexta de abono
Lleno de «No hay billetes»

Toros de Victorino Martín, bien presentados, encastados e interesantes en conjunto. Destacó el tercero, «Gallarete», premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre por gran parte de la afición.

  • Morenito de Aranda: silencio y silencio.

  • Román: dos orejas y silencio.

  • Fernando Adrián: silencio y silencio.

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