Hay toreros que, cuando dejan de vestirse de luces, siguen toreando cada día desde otro lugar. Sergio Martínez es uno de ellos. Profesor de la Escuela Taurina de Albacete, su labor no se mide en orejas ni en trofeos, sino en miradas atentas, en correcciones silenciosas y en la transmisión de una forma de entender el toreo basada en la verdad, la disciplina y el respeto al oficio. Desde el aula, el patio de cuadrillas o el tentadero, Sergio forma a los futuros toreros no solo en la técnica, sino en los valores que sostienen este arte milenario. Su palabra, serena y sincera, nace de la experiencia vivida y del conocimiento profundo de la profesión.
Sergio, ¿como ha sido el año de la Escuela Taurina de Albacete en 2025?
Pues el año ha sido muy positivo. Hemos hecho en torno a 75 festejos y han sido 33 novilladas, 20 y tantas clases prácticas, 11 tentaderos, becerradas, festivales, en resumen, un número bastante importante.
Cómo ves ahora mismo el futuro de los chavales, ¿qué viene?
Nos tienen muy ilusionados, por ejemplo, Neyzan Espin, Santi García, Fernando Romero, sé que con casi 70 niños que tenemos en la Escuela Taurina, es que te digo estos nombres por no decirte todos, muchos de ellos desarrollan muy bien todo el compromiso que nosotros les intentamos inculcar en la Escuela Taurina y saben el compromiso y lo que representa la Escuela Taurina de Albacete.
¿Qué se les exige en tema de educación?
Nosotros tenemos un reglamento interno en la Escuela Taurina en el que los chicos tienen una serie de derechos, pero tienen una serie de obligaciones y la que más hincapié ponemos es el tema de los estudios y que en edad de estar escolarizados, que estén estudiando, aprovechando su vocación intentamos encarrilarlo en los estudios y la verdad es que tenemos un nivel académico bastante bueno.
¿Qué es lo primero que intentáis inculcar tanto tú como Gonzalo?
Profesionalidad, esa educación taurina que nos enseñaron nosotros y que estamos en la obligación de nosotros enseñárselo, pero sobre todo profesionalidad, que todos los críos que salgan y los que empiecen a competir fuera de nuestra provincia que demuestren la profesionalidad que les inculcamos, estamos obligados tanto Gonzalo como yo a transmitírsela.
¿Qué es la profesionalidad?
En primer lugar, tener afición, que eso no es algo que le puedas inculcar, eso tiene que venir de serie, pero sí una serie de valores que tienen que sacarlos en la plaza, y con sacrificio, esfuerzo, con ilusión y con responsabilidad para obtener resultados.
¿Y cómo es un día normal de entrenamiento en la escuela?
Entrenamos lunes, miércoles y viernes de 6 a 8 , pero sí es verdad que muchos críos que tienen ya el veneno dentro y que quieren un punto más, ellos se van a la fiesta del árbol a entrenar.
Aunque parezca que no, yo también estoy pendiente de los que van allí a entrenar porque además va Gonzalo y a mí me gusta darme una vueltecilla por ahí y eso también demuestra que la parte de las horas que echen aquí, esas horas extras que echan de más, luego se desarrolla delante de un animal.
¿Tú que eres matador de toros, que es lo primero que te fijas en un chaval cuando empieza?
Que se tomen las cosas en serio, eso es lo que más me llama la atención. Es verdad que hay chicos que tienen rapidez en coger las cosas, pero eso no significa que desarrollen más.
A mí me gustan los que trabajan a diario, los que van desarrollándose poco a poco, los que son serios, los que son constantes y esos son los que al final más resultados dan.
Se han dado casos de críos que enseguida cogen la coordinación del toreo de salón, cierta soltura, pero eso puede tender luego a ronear, que los hay, luego ves a otros chicos que son más lentos en coger las cosas, en coger esa coordinación, pero trabajándola un día con otro, con otro, al final son los que al final terminan funcionando.
Tú también has formado parte de la escuela taurina en tus comienzos ¿cómo ves que ha cambiado la forma de enseñar del toreo hasta ahora?
Ha evolucionado muy poco. Evidentemente, el toreo está en constante evolución y son otros tiempos. Los toreros de hoy en día hacen cosas a los toros que años atrás era imposible de imaginar que se podían hacer ese tipo de cosas, pero ha cambiado muy poco, desde que yo estuve en la escuela taurina como alumno ahora, lo que nos transmitió el maestro, yo pertenezco a la época del maestro Sebastián Cortés, a la época del maestro Antonio Rojas, prácticamente son los mismos entrenamientos. Prácticamente se hace lo mismo. Por eso te decía antes de que nosotros estamos obligados a seguir manteniendo ese valor.
¿Y qué papel juega hoy en día una escuela taurina para los chavales?
Hoy en día sin escuelas taurinas es muy difícil torear, está todo montado para que entre las escuelas taurinas se hagan festejos, la novedad es que prácticamente nosotros tenemos la suerte de que con la ayuda del Ayuntamiento y Diputación y del consorcio estamos subvencionando muchos pueblos de la provincia y cuentan con alumnos de la escuela en el cual también se les pagan todos sus honorarios que son muy difíciles de hacerlo fuera de la escuela.
Sabemos que muchos chicos que torean fuera de la escuela en muchos sitios les piden dinero o no les dan nada, con nosotros, todos los chicos que torean con la escuela taurina, todos los ayuntamientos y todos los que montan toros están obligados a pagar los honorarios a los chicos.
¿Cómo ves que ese vacío de pasar de la escuela al debutar con caballos y qué ideas se ocurren que se podría cambiar para que ese paseo no sea tan fuerte?
Ese paso en muchos casos los mata, yo creo que lo que se debería de hacer es, intentar seguir manteniéndolos bajo el amparo de las escuelas taurinas o intentar incrementar algo más los presupuestos para seguir manteniendo a los chavales que están con caballos, por un año o dos que eso se aguante en alguna forma y sigan para una mejor formación.
Porque es debutar con caballos y muchos de los chavales se ven desamparados. Y es algo que a nosotros nos mata, es debutar con caballos y de la noche a la mañana, en ese mismo día, deje de pertenecer a una escuela taurina, por lo menos en la nuestra.
Pasan de el respaldo que lleva una escuela taurina, que te buscan la fecha, te pagan tu dinero, te preparan y demás. Tú llegas al debut y a partir de ahí, búscate la vida, nosotros, todo lo que es el nivel de novilleros sin picadores, lo gestionamos todo y todo súper cuidado, como debería de ser en todos los aspectos. Pero el debutar con caballos y los chavales se ven desamparados, Es verdad que a nivel personal, con muchos de ellos que han debutado con caballos, intentamos echarle una mano, de la manera que sea, Incluso los acompañamos en muchos de los casos, pero eso es a nivel personal.
Si sale la posibilidad de que alguien, o te enteras de alguna novillada, o tienes alguna relación de algún empresario que pueda atender, o monte una novillada, pues puedes hablar por ellos. Eso lo hacemos y estamos encantados de hacerlo.
Pero ese paso es un vacío muy grande que, afortunadamente, en la Escuela Taurina hemos tenido casos de chavales que, sin caballos, se han fijado en ellos apoderados y han salido ya de la Escuela Torino y han echado a andar.
El caso de Alejandro Peñaranda con Luis María Garrido, que lo apoderó cuando debutó con caballos y es un chaval que ha matado a sus 40 o 50 novilladas sin costarle un duro y pagándole todos sus honorarios y yendo a ferias importantes y se ha demostrado que es un chaval que tiene unas condiciones extraordinarias.
El caso de José Fernando Molina, que debutó con picadores y estuvo el Maestro Manuel Caballero echándome una mano, luego le he hecho una mano a Jacinto, el que fue mozo de espada de Miguel Abellán, y ahora con el niño Belén, pues estamos viendo un torero que tiene unas condiciones extraordinarias.
Samuel Navalón fue empezar con él a trabajar, fuimos al Bolsillo de Ciudad Rodrigo, lo ganó. fuimos al kilómetro cero de Madrid, lo ganó. fuimos a un montón de novilladas y ahí le salió un apoderado y ha echado a andar.
Luego uno que creo que tiene unas condiciones extraordinarias y que no se les está dando el sitio que creo que merece, pero que tiempo al tiempo es Manuel Caballero, es un chaval que es hijo de una gran figura del toreo, que quiere ser torero de verdad, que no está aquí roneando, que lo demuestra a diario, viene a entrenar todavía con nosotros como uno más y que el tiempo, si dios quiere y tiene las oportunidades que creo que merece, puede funcionar.
¿Cómo surgió la idea de ser profesor de la escuela?
Bueno, pues esos fueron mis últimos años ya como profesional, veía que mi ilusión se iba apagando y que tenía que encarrilar mi vida a buscar algo que realmente me llenara y salió la posibilidad de ser el director de la escuela taurina de Hellín, me presenté y estuve cuatro años en Hellín, que fueron los que de verdad me motivaron para continuar con la docencia, aquello, pues la verdad que me motivó muchísimo y busqué ese camino para llegar al puesto en el que me encuentro.
¿Tú te ves reflejado en alguno de los chavales que ves hoy en día?
Hay muchos críos que me recuerdan mucho a mí cuando yo empezaba, muchos, muchísimos, también es verdad que hay muchísimos críos que tienen un nivel que en nuestra época no teníamos.
Es que estás viendo ahora mismo a chavales que torean de salón que parecen matadores de toros y nosotros en nuestra época, a pesar de que se nos veía y se nos intuían muchas cosas, pero es que hoy en día muchos de los chavales cuando los ponemos o los llevamos al campo parecen matadores de toros. Pero sí me veo reflejado en muchísimos de ellos, claro.
¿Y En que se diferencia la escuela de Albacete a otras?
Nosotros intentamos inculcarles a los críos lo que creemos que es el toreo barroco.
No quiero decir que otras escuelas no les enseñen ese tipo de concepto, pero nuestro concepto de Albacete es que ha habido tantísimos buenos toreros, es que han dejado semilla en lo que es nuestra escuela, que nosotros tenemos que seguir inculcando ese concepto, el concepto de enganchar los toros, de tener la sensación de que tú tiras de ellos desde el principio hasta el final, intentar cuando pasa ya tu segunda pierna enroscarte un poquito y cuando has vaciado un muletazo intentar hacer el compás e intentar ligar los muletazos 7 y 8 con el de pecho, ese es el concepto que nosotros creemos que es el bueno, que es el que llega al público, es el que vemos que hay emoción y luego cada uno que lo interprete de su estética o su sentimiento.
¿Qué crees que falta ahora mismo en Albacete para que salga una figura?
Falta el tener la suerte que creo que hay que tener para ser figura del toreo, siempre he dicho que creo que he tenido condiciones para ser toreo o ser figura del toreo, ¿no? Pero con el tiempo y con la experiencia que uno tiene te das cuenta de los que llegan a ser figuras del toreo son los que reúnen unas cosas que a los que lo hemos intentado nos ha faltado, como cuajar un toro en un sitio importante y matarlo, eso es fundamental.
Ha habido muchos toreros, hay grandiosos toreros aquí en Albacete que han cuajado un toro en un sitio importante y no lo han matado, entonces eso hace que te siga costando abrirte un hueco y si cuajas un toro en un sitio importante hay que intentar matarlo que son los que te abren camino, te abren puertas y esa es la diferencia que hay.
¿Qué has aprendido tú de los alumnos?
Yo personalmente todo, a pesar de que ahora llevo 15 años retirado me siento mejor torero que cuando me fui y fíjate que esa fue mi búsqueda, intentar ser buen torero, intentar torear cada día mejor. Pues viendo a los críos como torean que hay algunos que torean de maravilla, me aportan.
Me siento muchísimo mejor torero ahora viéndolos y sin desarrollarlo, sino mentalmente que cuando estaba en mis últimos años o en mi carrera en activo.
Escuchar a Sergio Martínez como maestro es comprender que la Tauromaquia se construye a largo plazo, con paciencia y responsabilidad. Su compromiso con la Escuela Taurina de Albacete no es solo el de enseñar a torear, sino el de formar personas capaces de afrontar una profesión tan dura como hermosa. En sus palabras hay memoria, oficio y futuro. Porque mientras existan profesores que entiendan el toreo como él lo entiende, la Fiesta seguirá teniendo cimientos sólidos sobre los que sostenerse.












