La Plaza de Toros de Albacete volvió a vivir este domingo una de esas tardes que tienen más valor por lo que representan que por lo que sucede sobre el albero. El XXXVI Festival Taurino a beneficio del Cotolengo Sagrado Corazón de Jesús reunió a toreros de distintas generaciones, recuperó nombres que llevaban muchos años alejados de los ruedos y permitió comprobar que, cuando se ofrece un cartel atractivo y una política de precios razonable, la afición responde.
Se cortaron siete orejas, una por cada uno de los cinco primeros actuantes y dos para Neyzan Espín, que cerró la tarde con el triunfo más rotundo. Sin embargo, el verdadero balance del festival va mucho más allá de los trofeos.
La entrada, media plaza, dejó una imagen de los tendidos que hacía años que no se veía en esta cita. Y eso, pese a unas condiciones meteorológicas que no acompañaron, debe valorarse. Porque el objetivo fundamental sigue siendo conseguir la mayor recaudación posible para una institución que necesita el respaldo de toda la sociedad albaceteña.
Había una emoción especial en los tres primeros nombres del cartel. Sergio Martínez, Abraham Barragán y Antón Cortés volvían a encontrarse con el público de Albacete después de mucho tiempo sin afrontar compromisos de esta naturaleza.
Y conviene recordar lo que significa ponerse delante de un animal bravo cuando han pasado tantos años desde la última vez. No es solamente recuperar vestirse de corto o volver a pisar una plaza conocida. Es cambiar por unos meses el ritmo de una vida, recuperar sensaciones y asumir una responsabilidad que merece todo el respeto.
Sergio Martínez dejó muestras de su magisterio ante el primero, de Los Chospes. En su actuación aparecieron los conocimientos y la manera de entender el toreo de quien conserva el oficio pese al paso del tiempo. Paseó una oreja.
Abraham Barragán volvió a mostrar las ganas y el poder que siempre caracterizaron su concepto. Su disposición ante el segundo de la tarde, un sobrero de San Isidro, tuvo el mérito añadido de regresar a un escenario exigente después de tantos años. También obtuvo una oreja.
Y Antón Cortés dejó esos detalles que solo aparecen cuando el toreo se siente de una manera especial. El duende, la personalidad y la naturalidad de su interpretación asomaron frente al tercero, también de San Isidro. Cortó una oreja y dejó el recuerdo de un torero cuya forma de expresarse sigue teniendo algo distinto.
Los tres merecen un agradecimiento sincero. Por aceptar la invitación, por el esfuerzo de prepararse para esta ocasión y, sobre todo, por poner su nombre y su compromiso al servicio del Cotolengo.
El cuarto turno correspondió a César Jiménez, otro de los grandes atractivos del festival. Su regreso a Albacete despertaba expectación, pero el ejemplar de Garcigrande que le correspondió ofreció pocas posibilidades.
César lo intentó, buscó los caminos para construir su faena y dejó detalles de su calidad, aunque la escasa colaboración del novillo impidió que su actuación alcanzara mayor vuelo. Paseó una oreja.
Su presencia, más allá del resultado, merece el mismo reconocimiento que la del resto de sus compañeros. Volver a Albacete para colaborar con una causa como esta tiene un valor que ningún trofeo puede medir.
Andrés Palacios protagonizó uno de los momentos históricos de la jornada. Con su participación de este domingo alcanzó los quince paseíllos en el Festival del Cotolengo, igualando el registro de Dámaso González y convirtiéndose en el torero en activo con más actuaciones en esta cita solidaria.
Una efeméride que habla por sí sola de su compromiso con la institución y con su tierra.
Palacios sorteó un novillo de Castillo de Montizón que apenas le permitió desarrollar su concepto. Pese a ello, dejó algún muletazo notable y, especialmente, un recibo de capote de enorme belleza.
Hubo lances en los que intentó abrirle los caminos al toro, como tantas veces explicaba el maestro Emilio Muñoz. Estampas de un toreo clásico y personal que, de haber llevado otra firma más mediática, seguramente habrían encontrado una repercusión mucho mayor.
Andrés cortó una oreja, aunque su verdadera aportación a este festival se mide también en esos quince años de presencia y compromiso.
Después de una tarde en la que habían aparecido recuerdos, conceptos y formas de interpretar el toreo de otras épocas, llegó el turno de la juventud.
Neyzan Espín, alumno de la Escuela Taurina de Albacete, cerró el festival con el mejor novillo del encierro, un ejemplar de San Isidro.
El joven aprovechó las condiciones de su oponente para demostrar por qué está considerado uno de los alumnos más aventajados de la escuela albaceteña. Su actuación permitió contemplar un toreo más actual, con la ambición propia de quien está comenzando y quiere abrirse camino.
Cortó dos orejas, convirtiéndose en el máximo triunfador de la tarde.
Y su presencia dejó una de las conclusiones más interesantes del festival: la combinación de toreros retirados, profesionales en activo y un alumno de la Escuela Taurina funciona.
Permite recuperar nombres queridos por la afición, ofrecer variedad de conceptos y dar visibilidad a quienes representan el futuro. Una fórmula que merece continuidad.
Un formato que debería mantenerse en próximas ediciones
Este festival ha dejado muchas cosas positivas. Y sería un error que, una vez terminada la jornada, todo quedara reducido al resultado artístico.
El cartel de este año ha demostrado que existe un camino atractivo para las próximas ediciones. Recuperar toreros que dejaron huella en Albacete, combinarlos con algún matador en activo y reservar un puesto para un alumno de la Escuela Taurina puede convertirse en una seña de identidad de esta cita.
No hace falta buscar siempre grandes nombres fuera. La historia taurina de Albacete ofrece suficientes protagonistas para confeccionar carteles capaces de despertar recuerdos y generar expectación.
Y, puestos a imaginar, ¿por qué no pensar en Manuel Caballero padre e hijo compartiendo cartel? Sería una imagen de enorme significado para la afición albaceteña.
También podrían valorarse nombres como José Manuel Samos, José Antonio Iniesta, Javier Perea o Juan Luis Rodríguez. Incluso, ¿por qué no?, alguno de los integrantes de la actual empresa si se animara a volver a ponerse delante.
Son ideas, naturalmente. Propuestas que podrían estudiarse con tiempo, escuchando a los protagonistas y buscando siempre el mayor atractivo posible para el público.
Porque el festival necesita algo más que buena voluntad: necesita despertar ilusión. Y este año se ha demostrado que hay fórmulas para conseguirlo.
Otro aspecto que merece reconocimiento es la política de precios, facilitar el acceso a la plaza con entradas asequibles es fundamental cuando el objetivo principal no es organizar una corrida convencional, sino recaudar fondos para una institución benéfica.
Cuantas más personas puedan acudir, mayores serán las posibilidades de conseguir una buena entrada y una recaudación importante. Mantener esa línea en próximas ediciones debería ser una prioridad.
También hay que valorar el compromiso de la televisión con el festival y el trabajo de promoción realizado durante las semanas anteriores. Dar visibilidad a los toreros, recuperar imágenes de sus trayectorias, recordar sus vínculos con Albacete y explicar la labor del Cotolengo ayuda a que la cita llegue más allá del aficionado habitual.
Son aciertos que conviene conservar, perfeccionar y convertir en parte de la organización de futuras ediciones.
Cuestiones pendientes
No todo debe darse por bueno. Precisamente porque el festival merece seguir creciendo, hay aspectos que necesitan una reflexión serena.
El primero es la fecha de celebración.
Quizá haya llegado el momento de recuperar su ubicación tradicional en el calendario y volver al mes de mayo, como sucedía en otras etapas de su historia.
El tiempo de este domingo no acompañó y pudo influir en la asistencia. Pese a ello, se consiguió una entrada que hacía años que no se veía. Cabe preguntarse qué respuesta habría tenido el mismo cartel en una jornada de primavera con mejores condiciones meteorológicas.
No se trata de afirmar que mayo garantice el éxito, sino de estudiar si puede ofrecer un escenario más favorable para atraer público y aumentar la recaudación.
La segunda cuestión es la selección del ganado.
Antes de nada, hay que expresar un agradecimiento absoluto a todos los ganaderos que donan desinteresadamente sus animales. Su colaboración es imprescindible para que el festival pueda celebrarse y merece el máximo respeto.
Pero ese reconocimiento no impide plantear una mejora.
Un cartel que reúne a toreros que llevan años sin actuar necesita, en la medida de lo posible, un ganado que permita desarrollar las faenas y ofrecer un espectáculo entretenido. No se trata de exigir a quien dona generosamente un novillo, sino de trabajar con antelación para encontrar una fórmula que permita reunir un encierro lo más adecuado posible a las características del festejo.
Este domingo, los ejemplares de San Isidro ofrecieron las mejores prestaciones, especialmente el sexto, premiado con la vuelta al ruedo. Otros animales, en cambio, limitaron considerablemente las posibilidades de sus lidiadores.
Buscar mayor regularidad contribuiría a mejorar el espectáculo, favorecería el lucimiento de los participantes y, probablemente, ayudaría a consolidar la asistencia del público en futuras ediciones.
El verdadero triunfo sigue estando fuera del ruedo
El XXXVI Festival del Cotolengo ha sido una tarde para el recuerdo, pero también una jornada de la que conviene tomar nota.
Se ha recuperado parte de la esencia de una cita que durante décadas reunió a toreros, aficionados y profesionales alrededor de una causa común. Se han vivido regresos emocionantes y momentos para el recuerdo,
Pero, sobre todo, se ha vuelto a poner el foco en el motivo por el que existe este festival.
El Cotolengo Sagrado Corazón de Jesús necesita la ayuda de todos. Su labor diaria con personas que requieren atención, cuidados y apoyo merece que Albacete siga respondiendo año tras año.
Por eso es importante analizar lo sucedido. Conservar lo que ha funcionado, corregir lo que puede mejorarse y comenzar a preparar cuanto antes la próxima edición.
Que el cartel vuelva a ilusionar. Que los precios sigan invitando a acudir. Que la promoción no decaiga. Que se estudie la fecha más conveniente y se trabaje para ofrecer el mejor ganado posible.
Y, por encima de todo, que cada decisión tenga un único objetivo: llenar la plaza y conseguir la máxima recaudación para el Cotolengo.
Este domingo hubo siete orejas y un buen número de momentos para guardar en la memoria. Pero el éxito de esta cita nunca debería medirse solamente en trofeos.
El mejor homenaje a quienes han sostenido el festival durante tantos años será garantizar su continuidad, cuidar su esencia y conseguir que cada edición ayude un poco más a quienes verdaderamente lo necesitan.
Porque en el Festival del Cotolengo, la Puerta Grande más importante es la de la solidaridad.
Ficha del festejo
Albacete. Domingo, 18 de octubre de 2026. XXXVI Festival Taurino extraordinario a beneficio de la Institución Benéfica Sagrado Corazón de Jesús (Cotolengo).
Entrada: Menos de media plaza.
Ganado: Novillos donados por Los Chospes (1.º), San Isidro (2.º bis, 3.º y 6.º), Garcigrande (4.º) y Castillo de Montizón (5.º). Los mejores fueron los de San Isidro, especialmente el sexto.
- Sergio Martínez: oreja.
- Abraham Barragán: oreja.
- Antón Cortés: oreja.
- César Jiménez: oreja.
- Andrés Palacios: oreja.
- Neyzan Espín: dos orejas.
















