Foto Mariano Giménez

El aficionado, el último de la fila

La nueva gestión de la Plaza de Toros de Albacete ha comenzado con una decisión sobre la venta de localidades que está generando dudas y malestar entre los aficionados.

Las entradas sueltas para la Feria Taurina se pusieron a la venta el sábado 15 de agosto a las 00:00 horas, pero únicamente por internet. Las taquillas permanecerán cerradas hasta el 1 de septiembre, creando una diferencia evidente entre quienes pueden comprar online y aquellos que necesitan acudir físicamente a la plaza.

No todo el mundo utiliza internet con soltura. Hay aficionados mayores, personas que no manejan las plataformas digitales o simplemente quienes prefieren comprar su localidad directamente en taquilla. Para ellos, la venta no comienza realmente el 15 de agosto, sino quince días después.

Y eso plantea una cuestión difícil de responder: ¿qué ocurre si el 1 de septiembre un aficionado acude a la taquilla y ya no encuentra la localidad que buscaba? La respuesta será que las entradas se habían puesto a la venta previamente por internet. Pero ese aficionado no habrá tenido durante esas dos semanas la misma posibilidad de elección.

A esta situación se suma el importe de los denominados gastos de gestión, que pueden acercarse a los ocho euros por entrada en determinadas operaciones.

Es lógico que una venta online pueda llevar asociados unos costes. Lo que resulta discutible es que el importe alcance una cantidad tan elevada por localidad y que no exista una explicación suficientemente clara sobre qué servicios justifican ese recargo.

Para una persona que compra varias entradas, el sobrecoste deja de ser anecdótico y puede convertirse en una parte importante del precio final.

El problema no está en utilizar internet como canal de venta. La cuestión es que, durante más de dos semanas, no existe una alternativa presencial para el aficionado que no puede o no quiere utilizarlo.

Una gestión pensada para el aficionado debería haber contemplado ambas vías desde el comienzo: venta online para quien quiera utilizarla y taquilla abierta para quien prefiera la atención presencial.

También habría sido deseable una comunicación mucho más clara sobre las fechas, los canales disponibles y los gastos adicionales. Cuando se trata de la Feria Taurina de Albacete, uno de los acontecimientos más importantes del calendario de la ciudad, la información al público debería ser especialmente transparente.

La nueva empresa tiene todavía mucho que corregir en esta y otras cuestiones. Pero el comienzo no parece el más acertado. Vender entradas es una parte de la gestión; cuidar al aficionado debería ser otra igual de importante.

Y en una plaza con una afición tan arraigada como la de Albacete, cualquier política comercial debería partir de una premisa sencilla: facilitar el acceso a los tendidos, no poner más obstáculos para llegar a ellos.

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