Foto Mariano Giménez

Galerías del festejo de ayer en Tobarra

Antes de que el toro volviera a pisar el albero, hubo un momento que valió por toda una tarde. La plaza se detuvo para rendir homenaje a Juan Ortíz Coloma, alma silenciosa del coso y representante de una saga que ha hecho de este lugar mucho más que un recinto taurino. Juan no solo abre y cierra puertas; cuida cada rincón, atiende a cada persona y consigue que quien cruza el umbral se sienta en casa.

El reconocimiento fue tan justo como necesario. Porque pocas veces se pone nombre y rostro a quienes sostienen la vida de una plaza desde dentro, sin foco ni aplauso. Y por eso mismo, tiene aún más valor que este homenaje haya llegado a tiempo, con Juan presente, pudiendo sentir el cariño de su gente. Porque demasiadas veces estos gestos se quedan para cuando ya es tarde.

Ayer Tobarra no solo recuperó los toros. También supo detenerse para dar las gracias a quien nunca ha dejado de estar.

Deja una respuesta