Villaseca de la Sagra se ha convertido, por méritos propios, en uno de los grandes bastiones de la Tauromaquia en Castilla-La Mancha. Un municipio de poco más de 2.000 habitantes que, año tras año, construye una programación taurina que ya quisieran muchas capitales de provincia. Su apuesta no es puntual ni oportunista: es firme, constante y estructurada.
El calendario villasecano suma el prestigioso Alfarero de Oro, el Alfarero de Plata como clara defensa de la cantera, una semana completa de Jornadas Taurinas que convierten al municipio en epicentro cultural del invierno, encierros tradicionales en sus fiestas mayores y un consolidado concurso de recortes que atrae a aficionados de toda la región. A ello se añade su compromiso solidario con la corrida benéfica y el tentadero benéfico programados este año, demostrando que la tauromaquia también es compromiso social.
Si se contabilizan todos estos festejos al cierre de temporada, sorprende comprobar que Villaseca puede llegar a organizar más actividad taurina que plazas de mayor tamaño. El contraste resulta inevitable cuando se compara con ciudades de profundo arraigo como Albacete, donde en los últimos años se percibe una preocupante pérdida de impulso: festejos tradicionales como la corrida de El Cotolengo o la de Asprona —que fue referencia indiscutible en temporadas pasadas— han quedado relegados, y decisiones como la tardía publicación del pliego de condiciones de la plaza transmiten sensación de falta de planificación.
Villaseca demuestra que el tamaño no determina la ambición. Cuando hay voluntad, la Tauromaquia no solo se mantiene: crece.
