Foto Mariano Giménez

Cristian “Richi” Romero: «Mi sueño era poder vivir del toro y lo estoy consiguiendo»

El picador albaceteño repasa sus orígenes, la influencia de su padre, los secretos de la suerte de varas y una temporada 2026 marcada por su extraordinaria actuación en la Feria de Albacete

Cristian “Richi” Romero ha crecido entre caballos, toros y conversaciones de profesionales. Su padre fue quien le mostró, casi sin proponérselo, un oficio que acabaría convirtiéndose en su forma de vida. Desde muy joven comenzó a picar en el campo y pronto tuvo claro que quería vestirse de luces

La temporada 2026 ha supuesto un nuevo paso en su trayectoria. Ha acompañado a distintos matadores y ha recorrido plazas y ferias, pero hubo una tarde que inevitablemente quedará señalada: la corrida concurso de la Feria de Albacete, donde su actuación frente a un toro de Fuente Ymbro puso en valor una suerte de varas ejecutada con precisión, colocación y medida.

Sin embargo, cuando habla de su profesión, Richi insiste precisamente en lo contrario al protagonismo. Su idea del buen picador es la del hombre que cumple su cometido, deja el toro en las mejores condiciones para el matador y pasa inadvertido. «Quiero que mi trabajo sea perfecto, pero en silencio», resume.

Hablamos con él de sus comienzos, del caballo, de técnica, de sus referentes, de Albacete y de los sueños que todavía quedan por cumplir.

  • Cristian, ¿cómo empezó tu relación con el mundo del toro?

Mi relación con el mundo del toro empieza por mi padre. Recuerdo desde pequeño verlo preparar la ropa, irse a torear, viajar de un sitio para otro… Desde muy pequeñito se me empezó a meter ese veneno dentro.

  • Has crecido además en una tierra con mucha tradición taurina y ecuestre. ¿Qué importancia ha tenido Albacete en tu formación y en tu manera de entender el toro?

Mi formación, desde el principio, se la debo principalmente a mi padre. Después, poco a poco, vas haciendo tu camino y construyendo tu propia trayectoria. Y Albacete es una tierra de muchísimo toro, con muchos profesionales, por lo que crecer aquí también influye mucho.

  • ¿El caballo siempre estuvo presente en tu vida o llegó a través del toro?

Siempre estuvo presente. Desde pequeño hemos tenido caballos de picar en casa y he crecido con ellos.

  • ¿Cuándo decides que aquello no iba a ser únicamente una afición, sino que querías convertirlo en tu profesión?

Empecé como prácticamente todos los picadores, picando en el campo con trece o catorce años. Ahí ya empecé a tomármelo muy en serio porque quería debutar a los dieciséis. Antes del debut hice mucho campo, toreé muchos toros y vacas… Donde hubiera un pitón, allí iba para prepararme y estar listo cuando llegara ese momento.

  • ¿Con quién llegó tu primera oportunidad?

Mi primer festejo fue con José Ignacio Rodríguez, “Nachete”, en 2019.

  • ¿Dónde fue y qué recuerdas de aquella tarde?

Fue en Castellar de Santiago. Recuerdo un día muy bonito porque ves que tanto esfuerzo, trabajo y constancia terminan teniendo su recompensa.

  • La suerte de varas posiblemente sea uno de los tercios más difíciles de entender para parte del público. ¿Cómo se la explicarías a alguien que apenas la conoce?

Es un tercio muy importante de la lidia. Nosotros tenemos que ahormar al toro e intentar poner el puyazo arriba y delantero, que es donde hay que hacerlo. Siempre hay que pensar también en el matador, buscando que el toro pueda mostrar su bravura y que después quede ahormado para la lidia.

  • Desde fuera puede parecer que consiste simplemente en citar al toro, recibirlo y picarlo, pero detrás hay distancias, tiempos y mucha técnica. ¿Qué diferencia a un buen profesional?

Se nota cuando un picador hace las cosas despacio e intenta hacerlas bien. Hay que poner el puyazo arriba, delantero y hacer las cosas con tranquilidad. Para mí es parecido al toreo. Torear bien es hacerlo despacio y con técnica. Picar también.

  • Se suele decir que un buen picador no se mide por la fuerza. ¿Qué es lo más importante para ti cuando estás encima del caballo?

Lo más importante es que el toro se quede bien picado. Independientemente del caballo o de otras circunstancias, quiero bajarme y ver que mi matador no está con el agua al cuello porque el toro no ha quedado como necesitaba. Hay toros a los que hace falta darles y otros a los que no. Lo importante es dejarlos como quiere el torero.

  • ¿Cómo sabes cuánto necesita un toro?

Lo vas notando por cómo embiste en el caballo y por muchas cosas que vas viendo durante la lidia. También es verdad que, aunque tú consideres que un toro necesita más castigo, si el matador te dice que pares, nosotros estamos por y para el torero. Al final manda él.

  • ¿Alguna vez has visto tan claro que un toro necesitaba algo más que has actuado incluso después de que el matador te indicara que era suficiente?

Sí, alguna vez me ha ocurrido. En ese momento puedes pensar incluso que te has equivocado, pero después el matador me lo ha agradecido. Hay ocasiones en las que ves muy claro que el toro necesita un poco más. Parece que no porque no termina de romper en el capote, pero cuando llega al caballo notas que sí lo necesita.

  • Se habla mucho del picador, pero quizá menos del caballo. ¿Qué porcentaje del éxito de un buen puyazo depende de él?

Muchísimo. Si vas con un caballo con el que no estás convencido o no lo ves claro, todo se suma. Tú tampoco estás al cien por cien y eso termina influyendo. Tener debajo un caballo en el que sabes que puedes confiar hace muchísimo.

  • ¿Se crea una relación especial con determinados caballos?

Sí. Hay caballos con los que quizá el primer día no estás totalmente convencido y después tienes una tarde en la que todo sale muy bien. A partir de ahí cambia la relación. Coges confianza y sabes que con ese caballo puedes ir tranquilo.

  • ¿Hay cuadras a las que llegas especialmente tranquilo por la confianza que tienes en sus caballos?

Sí, claro. Hoy muchas veces coincidimos con las mismas cuadras y sabes dónde hay caballos que conoces o que te ofrecen garantías. Eso da mucha tranquilidad.

  • Desde aquel debut con José Ignacio Rodríguez, ¿con qué toreros has tenido la oportunidad de actuar?

He tenido la suerte de hacerlo prácticamente con todos los toreros de aquí. He ido con Rubén Pinar, Sergio Serrano, Alejandro Peñaranda, José Fernando Molina, Samuel Navalón… Ahora voy con Antón Cortés al Festival del Cotolengo. Sergio Felipe también me ayudó muchísimo cuando empezaba. Después de debutar con Nachete hice con Sergio muchas novilladas y aquello me sirvió mucho para seguir creciendo profesionalmente.

  • ¿Existe alguna tarde de la que hayas salido especialmente orgulloso, al margen de lo sucedido este año en Albacete?

Sí, muchas. Precisamente porque yo no busco que la gente se dé cuenta de lo que ha ocurrido. Lo que quiero es ser ese picador que se dice “tapado”, que hace bien su trabajo sin necesidad de dejarse ver. Ha habido muchas tardes en las que todo ha salido bien y quizá el público ni siquiera se ha dado cuenta. Eso también es lo que busco.

  • Llegamos a la Feria de Albacete. ¿Qué significó aquella tarde para ti?

Fue una tarde muy bonita. Es el toro que deseas que te salga algún día en una plaza y, además, salió en mi plaza, Albacete, delante de mi gente. Siempre quieres hacer las cosas bien a todos los toros, pero cuando aparece uno así quieres hacer la suerte de varas como el toro se merece. Tuve además la suerte de cogerlo las tres veces arriba. Fue uno de esos días que quedan marcados para toda la vida.

  • ¿Ha sido la tarde más especial de tu carrera hasta ahora?

No diría exactamente eso porque, como picador, no me gusta buscar protagonismo. Pero sí fue una tarde muy bonita.

  • El picador está acostumbrado muchas veces a escuchar protestas. Aquel día ocurrió todo lo contrario y llegaron las palmas.

Sí, pero estoy acostumbrado también a las broncas. Yo lo que quiero es que el toro quede bien picado. No busco el espectáculo ni que se hable de mí. Quiero que mi trabajo sea perfecto, pero en silencio.

  • Que hable el trabajo.

Exactamente.

Los referentes

  • Además de tu padre, ¿quiénes han sido tus grandes referentes como picador?

A día de hoy, Juan Bernal, que va con Emilio de Justo, es uno de mis principales referentes. También Antonio Prieto. Y después están los antiguos: Manolo Mazo, Juan Mari, los Pintas… He visto muchísimos vídeos antiguos y siempre intento aprender.

  • Siempre se ha dicho que el buen picador es aquel que el toro llegaba al peto prácticamente picado.

Sí, si eres capaz de echar el palo y tener las cuerdas metidas antes incluso de que el toro terminara de llegar al caballo. Desde metro y medio o dos metros ya llevaba prácticamente el puyazo puesto.

  • Después de tantos festejos, ¿siguen apareciendo los nervios?

Siempre. Dependiendo de la plaza pueden aparecer más, pero siempre existe ese nervio de querer hacer bien las cosas y dejar correctamente picado al toro.

  • ¿Qué elogio de otro profesional es el que más valoras?

Llegar al hotel después de la corrida y que el matador te diga: “Qué bien has estado. Sigue así, ese es el camino”. Para mí eso tiene muchísimo valor.

  • ¿Cómo es Cristian “Richi” Romero en un día normal?

Ejercicio, montar a caballo y entrenar. Básicamente esa es mi vida.

  • ¿Consigues desconectar del toro cuando termina una corrida?

No. Termina el festejo y todavía sigues pensando en él. Le das vueltas a cómo ha sido la corrida, al toro, a cómo has estado tú y a cómo ha estado tu matador. Luego hablas con compañeros, preguntas cómo les ha ido… Al final sigues conectado.

  • ¿A quién llamas cuando llegas al hotel?

A mi madre, siempre. Después a mi padre y a mi novia.

  • ¿Qué es lo mejor que te ha dado el toro?

Muchísimas experiencias bonitas y todas las que creo que todavía me quedan por vivir. También conocer a muchísima gente, compañeros y poder viajar.

  • ¿Y qué te ha quitado?

Nada. Al contrario. Me lo ha dado todo.

  • Si pudieras volver atrás y hablar durante cinco minutos con aquel Cristian adolescente que empezaba a picar en el campo, ¿qué le dirías?

Que tirase para adelante. Que, aunque no supiera lo que iba a ocurrir, mantuviera siempre intacta la ilusión para continuar.

  • Estamos prácticamente al final de la temporada. ¿Qué balance haces de 2026?

Muy bonito. He podido torear en muchas plazas y acompañar a toreros con los que desde pequeño soñaba estar. Poder verme ahora toreando en esas plazas con ellos hace que el balance sea muy positivo.

Estoy haciendo lo que siempre quise desde pequeño y lo estoy consiguiendo, gracias a Dios. Ahora espero que 2027 venga igual o mejor que 2026.

  • ¿Qué sueñas actualmente?

Poder seguir toreando lo que estoy toreando, vivir del toro y permanecer siempre aquí.

En corto y por derecho

Un toro que no olvidarás.
El de Fuente Ymbro de Albacete.

Una plaza.
Albacete.

Una ganadería.
Juan Pedro Domecq.

Un picador.
Juan Bernal.

Un torero.
Paco Ureña.

Un caballo.
Ponce, de la cuadra del Pimpi.

Una tarde que volverías a vivir.
La primera vez que fui a Madrid como picador de toros.

Una plaza en la que sueñas triunfar.
Madrid.

Una feria.
Albacete.

Un compañero de profesión.
Mi padre.

Un miedo confesable.
No tengo.

Una virtud.
La humildad.

Una persona imprescindible.
Mi madre.

Un referente fuera del toreo.
Mi abuelo.

Un libro.
El monje que vendió su Ferrari.

Una película o serie.
Peaky Blinders.

Una canción.
“Despierta”, de Antonio López.

Una comida.
Arroz con bogavante.

¿Playa o montaña?
Montaña.

¿Campo o ciudad?
Campo.

¿Vino o cerveza?
Vino.

¿Whisky o ginebra?
Whisky.

¿Rubias o morenas?
Morenas.

Un hobby.
El pádel.

Un lugar para perderte.
Cualquier sitio. Este invierno me voy a Birmingham.

¿Dónde te irías a vivir?
Madrid.

¿Cuál es tu sueño profesional?

Mi sueño profesional ya lo he cumplido: poder estar toreando en las ferias.

Y dentro de muchos años, cuando mires atrás, ¿cómo te gustaría que recordaran a Cristian “Richi” Romero?

Como un buen picador de Albacete, un gran profesional y, sobre todo, una buena persona.

Cristian “Richi” Romero representa la vocación por un oficio aprendido desde niño junto a su padre y construido a base de campo, caballo y constancia. Albacete le regaló una de esas tardes que permanecen para siempre, aunque él huye del protagonismo y lo tiene claro: hacer bien su trabajo, dejar al toro como necesita el matador y que hablen los hechos. Un picador que ya vive el sueño que perseguía desde niño y que quiere seguir creciendo sin perder su principal seña de identidad: la humildad.

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