Foto Mariano Giménez

Diego Ventura y un abismo con el resto

El de La Puebla del Río volvió a imponer su dominio absoluto del toreo a caballo ante una mansa y desigual corrida de Los Espartales. Rui Fernandes y Leonardo Hernández quedaron muy lejos del nivel del gran triunfador de la tarde

La corrida de rejones de la Feria de Albacete volvió a dejar una conclusión difícil de discutir: Diego Ventura compite actualmente en otra dimensión. Cuatro orejas, dos de cada toro, y una actuación de enorme superioridad sirvieron para evidenciar la distancia que existe entre el sevillano y buena parte de sus compañeros de escalafón. No fue solo cuestión de trofeos. Fue la diferencia en el dominio de los terrenos, la preparación de las suertes, la capacidad para provocar las embestidas y, especialmente, para conseguir que una corrida de escasa colaboración pareciera otra cuando él estaba en el ruedo.

Ventura exhibió un dominio arrollador del toreo a caballo. Con el segundo construyó una faena de gran intensidad, dejándose llegar mucho al toro, preparando cada encuentro con precisión y elevando el espectáculo con quiebros y banderillas. Mató con contundencia y cortó las dos orejas. Frente al quinto volvió a marcar diferencias. Hubo riesgo, cercanía y una notable conexión con los tendidos, especialmente en el tramo final con las cortas. Otro certero rejón de muerte puso en sus manos las dos orejas, mientras el público pidió incluso el rabo y terminó coreando «¡torero, torero!».

La comparación con sus compañeros resultó inevitable y, por momentos, demasiado elocuente. Entre Ventura y lo visto este domingo por parte de los otros integrantes del cartel hubo una distancia considerable, tanto en precisión como en capacidad para construir el espectáculo.

Rui Fernandes cortó una oreja al primero después de conseguir sacar al toro de su querencia y desarrollar una labor clásica, templada y de menos a más. El cuarto, manso y poco colaborador, le ofreció muchas menos posibilidades. Tampoco estuvo igual de preciso en la colocación de banderillas y rejones, por lo que su segunda actuación quedó en un tono discreto.

Leonardo Hernández se encontró con un tercero abiertamente manso, desentendido y con intentos de saltar al callejón, ante el que puso voluntad sin encontrar materia para el lucimiento. Tampoco logró cambiar el rumbo con el sexto. Los fallos en la colocación de las banderillas condicionaron una labor que nunca terminó de tomar vuelo. Una tarde gris para un rejoneador de su experiencia.

Los Espartales, mansedumbre y una presentación para el debate

La corrida de Los Espartales aportó poco al espectáculo. Fue mansa en conjunto, escasamente colaboradora y también desigual de presentación, aunque algunos ejemplares ofrecieran manejabilidad y el quinto mostrara mayor fondo. Ventura fue capaz de extraer partido de sus dos oponentes, pero el encierro estuvo lejos de ofrecer la emoción que cabe exigir en una plaza y una feria de la categoría de Albacete.

Y aquí aparece una cuestión que merece una reflexión más amplia: la presentación del toro de rejones. Es evidente que el reglamento contempla el despunte de las astas para este tipo de festejos, pero una cosa es esa adecuación y otra muy diferente la imagen que demasiadas veces termina llegando al ruedo. El despunte no debería convertirse en una desfiguración de la seriedad del toro ni en una merma de la dignidad que merece el animal. La corrida de rejones no puede servir de excusa para rebajar determinados mínimos de presentación.

Un público diferente y una exigencia bajo mínimos

También cambia radicalmente el ambiente de la plaza en la jornada de rejones. El público de este domingo fue sensiblemente distinto al habitual durante las corridas de toros de la Feria. Una parte importante del abonado tradicional cede, regala o vende su localidad para este festejo y eso modifica inevitablemente la composición de los tendidos.

Si la exigencia en la plaza de Albacete viene mostrando síntomas preocupantes durante determinados festejos, en la corrida de rejones el listón baja todavía varios peldaños. Se celebran acciones de escasa entidad, se relativizan defectos y los trofeos encuentran un terreno mucho más favorable. Una realidad que no beneficia al rejoneo: precisamente porque se trata de una disciplina con enorme dificultad técnica, debería ser juzgada con mayor conocimiento y rigor, no con menos.

La tarde, finalmente, tuvo un dueño incontestable. Diego Ventura no necesitó una gran corrida para demostrar su jerarquía. La diferencia estuvo en lo que cada uno fue capaz de hacer con lo que tuvo delante. Cuatro orejas y una nueva Puerta Grande que explican mejor que cualquier clasificación por qué el de La Puebla del Río continúa marcando una distancia enorme dentro del toreo a caballo.

Ficha del festejo

Albacete. Domingo, 13 de septiembre de 2026. Feria de la Virgen de los Llanos. Toros de Los Espartales, desiguales de presentación, mansos en conjunto y de escasa colaboración, aunque manejables en distintos grados.

Rui Fernandes: oreja y palmas.
Diego Ventura: dos orejas y dos orejas.
Leonardo Hernández: palmas y silencio.

Entrada: tres cuartos de plaza. Diego Ventura salió a hombros por la Puerta Grande. En el quinto hubo petición de rabo no atendida por la presidencia.

FOTOS MARIANO GIMÉNEZ

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