Foto Mariano Giménez

La Quinta ofreció el triunfo y la terna lo dejó escapar

La séptima de la Feria de la Virgen de los Llanos terminó dejando una sensación difícil de esquivar: La Quinta puso más de lo que la terna terminó aprovechando. Sin alcanzar el extraordinario nivel de otros encierros que la divisa ha lidiado en Albacete, hubo cuatro o cinco toros con argumentos suficientes para que la tarde hubiera tomado otro rumbo. Faltó ambición, apretar el acelerador y esa necesidad de triunfo que convierte las posibilidades en acontecimientos.

Los mejores muletazos llevaron la firma de Tomás Rufo. El tercero, cárdeno, humilló, repitió con lentitud y tuvo una extraordinaria nobleza. Rufo encontró especialmente el pitón izquierdo y dibujó naturales largos, profundos y de notable expresión, probablemente el toreo más puro de la tarde. Había toro para mucho y la faena apuntó alto, pero no terminó de alcanzar la rotundidad que pedían sus embestidas. Dos pinchazos terminaron de enfriar una obra que podía haber tenido premio importante. Con el sexto, más soso, apenas pudo construir una serie ligada antes de que todo se diluyera.

El Cid tuvo enfrente un buen primero, encastado, móvil y con transmisión. La faena creció cuando encontró distancia y altura, especialmente en varias series sobre la derecha y en una última tanda de naturales de buen trazo. Fue una labor ascendente, pero nuevamente quedó la impresión de que el toro permitía ir un paso más allá. Pinchó antes de la estocada y fue ovacionado. El cuarto, con menos raza y recorrido, ofreció bastante menos y su actuación quedó en silencio.

Tampoco Emilio de Justo encontró la tarde. Al segundo lo sometió fundamentalmente por el pitón derecho, aunque el trasteo tuvo más dominio que emoción y fue perdiendo contenido cuando aparecieron las dificultades por el izquierdo. El quinto ofreció inicialmente posibilidades, pero la faena tampoco encontró el vuelo necesario y terminó apagándose al mismo tiempo que el toro. Dos pinchazos y estocada cerraron una tarde discreta del extremeño.

Y ahí estuvo la clave de una corrida que pudo ser y no fue. La Quinta no lidió aquella corrida extraordinaria de otras temporadas en Albacete, pero tampoco puede responsabilizarse al ganado de la falta de triunfos. Hubo movilidad, nobleza, transmisión y embestidas aprovechables en buena parte del encierro. Cuatro, incluso cinco ejemplares, tuvieron momentos y condiciones para construir faenas de mayor dimensión.

La sensación fue que ninguno de los tres toreros terminó de afrontar la tarde con la ambición que exigían las oportunidades que iban apareciendo. No faltaron muletazos buenos —algunos, como los naturales de Rufo, de mucha categoría—, pero sí continuidad, hambre y determinación para transformar esos pasajes en faenas completas. En otras manos, o quizá con otra necesidad, el balance del festejo podría haber sido muy diferente.

Albacete había esperado con interés el regreso de una ganadería especialmente apreciada por su afición. La Quinta cumplió ofreciendo materia prima. Esta vez fueron los toreros quienes no terminaron de recoger el guante.

Ficha del festejo

Albacete. Lunes, 14 de septiembre de 2026. Feria de la Virgen de los Llanos. Toros de La Quinta, de juego variado, con varios ejemplares nobles, encastados y con posibilidades de triunfo.

Manuel Jesús «El Cid»: ovación y silencio.
Emilio de Justo: palmas y silencio tras aviso.
Tomás Rufo: palmas y silencio.

Entrada: media plaza. Sergio Blasco y Fernando Sánchez saludaron tras parear al tercero.

Deja una respuesta