Ya se conocen los carteles de la Feria Taurina de Albacete 2026 y, una vez apagados los focos de la presentación oficial, llega el momento de analizar un abono que, en líneas generales, presenta una base sólida y argumentos suficientes para ilusionar al aficionado.
Lo primero que hay que decir es que, siendo sinceros, no se echa de menos a nadie de manera especialmente llamativa. Están anunciadas las dos o tres máximas figuras del momento, encabezadas por Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Alejandro Talavante, reciente triunfador de San Isidro. Junto a ellos aparecen otros nombres importantes como Sebastián Castella y Román, también protagonistas destacados del ciclo madrileño.
Antes de entrar en los nombres que generan más debate, también conviene reconocer algunos aciertos evidentes del abono. Es lógico y justo que repita Manuel Caballero después de lo sucedido el pasado año. Llamado prácticamente de un día para otro para tomar la alternativa, el albaceteño respondió con una dimensión impropia de un torero que acababa de dar el salto al escalafón superior. Aquella tarde pareció un matador curtido tras decenas de corridas de toros, mostrando personalidad, serenidad y una capacidad poco habitual en un debutante.
Igualmente, razonable resulta la presencia de la ganadería de Daniel Ruiz. Más allá de gustos o preferencias sobre encastes, los números y los resultados avalan al hierro de la casa. Su hoja de servicios en Albacete durante los últimos años es difícilmente discutible y quien quiera cuestionarla deberá hacerlo aportando argumentos y resultados similares. La regularidad también merece reconocimiento.
Y si hay un nombre que siempre aporta categoría a cualquier feria, especialmente a una plaza como la de Albacete, ese es Daniel Luque. El sevillano atraviesa desde hace tiempo una de las etapas más sólidas de su carrera. Poderoso, técnico, capaz de resolver cualquier tipo de embestida y con una ambición intacta, es de esos toreros que rara vez decepcionan. Su presencia no solo suma interés al cartel en el que está anunciado, sino que aporta peso específico al conjunto del ciclo.
Entre los nombres más jóvenes aparecen toreros de los que se esperaba mucho más a principios de temporada. David de Miranda y Víctor Hernández son dos claros ejemplos. Ambos parecían llamados a consolidarse definitivamente entre los nombres importantes del escalafón, pero lo cierto es que todavía no han terminado de dar ese paso adelante que muchos pronosticaban.
Más debate puede generar la presencia de Ismael Martín. El salmantino ha sido una de las revelaciones de San Isidro y su exposición ha sido indudable, pero la realidad es que no llegó a cortar ninguna oreja. Por ello, algunos aficionados pueden preguntarse si ese puesto no podría haber sido para Alejandro Peñaranda. Conviene recordar que el albaceteño dejó una actuación importante el pasado año y que únicamente la espada le privó de salir reforzado de una plaza donde dejó una magnífica impresión. La memoria también debería contar a la hora de confeccionar los carteles.
Otro aspecto llamativo es la situación del triunfador de la pasada feria. Durante los últimos años venía siendo habitual que la empresa premiara ese éxito con dos comparecencias en el abono siguiente. En esta ocasión no ha sido así. Habrá razones que lo expliquen, pero precisamente ahí aparece una de las carencias de la presentación.
La gala celebrada en el Teatro Circo fue brillante. El escenario, la puesta en escena y la organización estuvieron a la altura de una feria de primera categoría. Sin embargo, muchos aficionados echaron de menos algo que antiguamente formaba parte de este tipo de actos: la posibilidad de preguntar y escuchar las explicaciones de quienes confeccionan los carteles. Menos protocolo y más cercanía no vendrían mal para comprender determinadas decisiones empresariales.
En el capítulo de rejones parece acertada la ausencia de Lea Vicens. Después de varias temporadas consecutivas anunciada en Albacete, su presencia ya resultaba difícil de justificar desde el punto de vista de los resultados. En cambio, la presencia de Diego Ventura garantiza por sí sola la máxima categoría del festejo. Hoy existe una diferencia enorme entre el maestro de La Puebla del Río y el resto del escalafón.
La inclusión de Manuel Jesús «El Cid» encuentra una justificación evidente en lo realizado el pasado año. Su actuación fue una de las grandes faenas de la feria y su regreso responde directamente a los méritos adquiridos en el ruedo. También Emilio de Justo sigue siendo un valor seguro en cualquier plaza importante.
Más discutible puede resultar la presencia de Tomás Rufo. Aunque continúa siendo un torero importante, es evidente que no atraviesa su momento más brillante. En ese contexto surge inevitablemente el nombre de Miguel Ángel Perera. Gustará más o menos, pero pocos toreros ofrecen una regularidad tan alta y una capacidad tan contrastada para responder en cualquier escenario. Su sola presencia siempre engrandece un abono.
Especial controversia ha generado la inclusión de Marco Pérez. La apuesta por el futuro es necesaria y positiva, pero una parte importante de la afición considera que su presencia dentro del abono mayor llega demasiado pronto. Nombres como Diego Urdiales o Fortes habrían sido recibidos con mayor consenso. Especialmente el malagueño, que el pasado año dejó argumentos más que suficientes para regresar a la feria.
Una de las grandes novedades del ciclo es la corrida concurso. La idea resulta atractiva y supone un aire diferente para la feria, aunque habrá que comprobar la respuesta del público. Albacete nunca ha sido una plaza especialmente identificada con este formato y buena parte de su afición está más orientada al toreo que al análisis ganadero. Los aficionados más toristas la celebrarán; el gran público tendrá la oportunidad de descubrir una modalidad distinta.
Después de muchos años, regresan hierros históricos vinculados al toro encastado y exigente. Cuadri volverá a lidiar en Albacete tras casi cuatro décadas de ausencia. Desde 1987 no pisaban este ruedo los toros de Comeuñas. Baltasar Ibán debutará en la feria y Miura volverá a formar parte de los carteles. Solo por este apartado ganadero merece la pena prestar especial atención al cierre del ciclo.
Mención aparte merece la representación local dentro del abono. Un asunto siempre sensible en una feria como la de Albacete, donde el aficionado mira con especial atención la presencia de los toreros de la tierra.
El principal referente local vuelve a ser José Fernando Molina, que probablemente sea el torero albaceteño , junto a Manuel Caballero, de los carteles que puede considerarse plenamente consolidado como producto de esta afición y de esta plaza. Regresa a su feria después de una primera parte de temporada marcada por sus comparecencias en escenarios de máxima exigencia como Sevilla y Madrid, donde las cosas no terminaron de rodar como él mismo esperaba. El toreo tiene estas cosas. Ojalá Albacete le sirva para desquitarse y reencontrarse con el triunfo ante su gente, porque pocas plazas significan tanto para un torero como aquella donde ha crecido profesional y personalmente.
Distinto es el caso de Rubén Pinar. Año tras año, el torero de Tobarra parece condenado a asumir los compromisos más duros del abono. Nadie puede discutir los méritos acumulados durante su trayectoria ni su impresionante historial de puertas grandes en esta plaza. Precisamente por eso, quizá haya llegado el momento de verle anunciado en otro tipo de carteles. Pinar ha demostrado de sobra su capacidad para afrontar las corridas más exigentes, pero su carrera en Albacete merece algo más que ser siempre el recurso cuando llegan los toros más complicados.
También estará presente Cristian Pérez, cuya inclusión encuentra una justificación evidente en lo realizado esta temporada. Su paso por Madrid, especialmente la firmeza y el valor demostrados en circunstancias muy difíciles, le han abierto la puerta de una oportunidad importante. Ahora le corresponde aprovecharla. El camino del torero es largo, complicado y lleno de obstáculos, pero pocas veces se presenta una ocasión tan significativa como triunfar en la plaza de tu provincia. Ojalá este cartel sirva para que siga consolidando su nombre dentro del escalafón.
Caso diferente es el de Samuel Navalón. Aunque su nombre aparece asociado a la tierra por cercanía geográfica y vínculos evidentes con la afición manchega, no es un torero albaceteño y, por tanto, difícilmente debería computar dentro del cupo de toreros locales contemplado en el pliego. Cuestión distinta es valorar su presencia en la feria, que resulta plenamente justificada por méritos propios. Triunfador de las Fallas de Valencia, joven valor en plena proyección y con una temporada tremendamente ilusionante por delante, Navalón es uno de esos nombres llamados a protagonizar el futuro inmediato del toreo.
Las novilladas también presentan argumentos atractivos. Montealto llega avalada por su reciente éxito en Madrid y contará con uno de los nombres más destacados del escalafón menor, Álvaro Serrano. Junto a él estarán Emiliano Osornio y Nacho Torrejón, que viene de dejar una magnífica imagen en Sevilla.
La segunda novillada presenta un perfil más exigente con el hierro portugués de Murteira Grave. Allí estará Mario Vilau, uno de los novilleros más destacados de San Isidro, acompañado por dos debutantes con caballos: Alejandro González y Álvaro Castillo. El primero llegará con cierto rodaje tras su inminente debut picado, mientras que el segundo afrontará una prueba de máxima responsabilidad. El tiempo dirá si la apuesta llega en el momento adecuado.
Más allá de los nombres propios, quizá haya llegado el momento de abrir otro debate que muchos aficionados vienen planteando desde hace años: el formato de la propia feria. La sensación es que la estructura del abono se ha convertido en un molde prácticamente inamovible. Domingo para los rejones, primer festejo para un cartel de marcado acento local o una ganadería castellano-manchega, generalmente coincidiendo con la retransmisión de la televisión autonómica; los días 9 y 10 reservados para las novilladas; los carteles estrella ubicados en el fin de semana o en fechas próximas a él; y el cierre destinado al cartel más torista del ciclo.
Es una fórmula que ha funcionado durante años y que ha dejado grandes resultados, pero quizá haya llegado el momento de introducir alguna variación. No se trata de romper con la tradición, sino de evitar que la feria caiga en una cierta previsibilidad. El aficionado, antes incluso de conocer los carteles, ya es capaz de adivinar gran parte de la estructura del abono. Y cuando eso ocurre, posiblemente sea el momento de replantear algunos aspectos.
Albacete tiene categoría, afición y personalidad suficiente para explorar nuevas fórmulas de confección. Alterar el orden de determinados festejos, repartir de otra manera los grandes acontecimientos o incluso dar mayor protagonismo a algunas corridas fuera de los patrones habituales podría aportar frescura a una feria que sigue siendo una de las referencias del calendario taurino español.
Pero todo esto no deja de ser teoría. Los carteles generan ilusión, debate y expectativas, pero será el toro quien termine poniendo a cada uno en su sitio. Como ocurre cada septiembre, la verdadera valoración de la feria no se hará hoy, ni mañana, ni durante las semanas previas.
La nota definitiva llegará cuando concluya el último paseíllo, cuando se apaguen los clarines y el ruedo haya hablado. Porque la experiencia demuestra que las ferias que mejor parecían sobre el papel no siempre fueron las mejores, y que otras recibidas con dudas acabaron dejando tardes inolvidables. Ahí reside la grandeza de la Tauromaquia y la razón por la que, año tras año, seguimos esperando con ilusión la llegada de septiembre.
De principio la feria tendría una nota de aprobado, pero aquí, en esta tierra que tantas tardes y ferias importantes se exige la excelencia, cosa que no se alcanzado de principio, quizás sea la nota final … o no.
